La historia reciente de las embestidas del gobierno del presidente Erdogan contra la equidad de género, seguridad y libertades de las mujeres está marcada por un momento específico que reveló descaradamente hacia dónde se dirige el régimen en esos temas. El 20 de marzo pasado, mediante un decreto presidencial, se anunció que abandonaría la Convención Internacional para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra la Mujer, convirtiéndose así este país en el primero de los 47 miembros firmantes de dicho organismo en tomar una decisión como ésa.

Fue así como, a partir de marzo, un importante número de organizaciones defensoras de derechos humanos y los principales partidos políticos de oposición se abocaron a presentar demandas judiciales a fin de evitar que abandonara la convención, organismo también conocido, paradójicamente, como la Convención de Estambul, ya que fue originalmente en esa ciudad donde se formalizó su fundación, en 2011. Sin embargo, el martes pasado, el Consejo de Estado de Turquía, en una votación de tres contra dos, desechó las demandas. Dos días después, se desligó de las obligaciones inherentes a la membresía dentro de la convención. Un gran golpe a los derechos de las mujeres, los niños y la comunidad LGBT en el país, y un gran estímulo al y la violencia contra esos sectores de la población.

La creciente islamización de la vida pública en Turquía, impulsada por el régimen de Erdogan desde hace años, ha sido, sin duda, uno de los factores de más peso para afectar negativamente el estatus de las mujeres. Mal que bien, en la anterior a Erdogan se habían registrado avances en las oportunidades de desarrollo e independencia personal de las mujeres. Pero la oleada conservadora ha borrado mucho de eso, de tal suerte que la violencia y discriminación contra ellas va en preocupante aumento. De acuerdo con la plataforma Pararemos los feminicidios, 409 mujeres fueron asesinadas en 2020, mientras que en lo que va de este año se cuentan cuando menos 189. Por su parte, Amnistía Internacional considera que el abandono de de la convención es un gigantesco retroceso en un tiempo en que los feminicidios son tan abundantes.

¿Cómo justifican Erdogan y sus acólitos el abandono de la convención? Su argumento es congruente con la naturaleza reaccionaria y represiva del régimen. Se trata, según ellos, de que la convención “ha sido secuestrada por un grupo de personas que intenta normalizar la homosexualidad, la cual es incompatible con los valores familiares y sociales”. La intolerancia y el rechazo hacia la comunidad LGBT por parte de las autoridades se mostraron abiertamente hace pocos días, cuando, a contracorriente de la prohibición gubernamental de realizar desfiles de orgullo gay, en varias localidades se intentó marchar, con la consecuente represión policiaca a participantes y periodistas que cubrían los eventos.

Una mirada más objetiva sobre el abandono de de la convención apunta a que no sólo ha sido producto del machismo del propio presidente y de buena parte de la población masculina convencida de que en el que se profesa son legítimos el sometimiento de las mujeres y la violencia contra ellas, sino también una cuestión de índole electoral. Por motivos económicos y geopolíticos, Erdogan y su partido han perdido popularidad entre la población conservadora, así que, al esgrimir la necesidad de restablecer con firmeza el modelo del patriarcado autoritario, esperan recuperar terreno de cara a las elecciones de 2023.

Es evidente que el camino por el que transita la aleja cada vez más de las democracias occidentales. Si en algún tiempo pareció que pasaría a integrarse a la Unión Europea, las probabilidades de que hoy eso suceda son ya nulas. Desde el otro lado del mundo, EU se ha sumado a la condena de muchas de las prácticas del gobierno de Erdogan. Recientemente puso a en la lista de países implicados en el reclutamiento de niños para la guerra, siendo ésta la primera vez que un país miembro de la OTAN es señalado por esa práctica. Lo que se ha revelado es que Turquía, en sus intervenciones en Siria y Libia, ha estado apoyando a milicias que trafican con niños, con el propósito de convertirlos en combatientes. El récord de en cuanto a derechos humanos continúa deteriorándose a pasos agigantados.

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Licenciada en Sociología egresada de la UNAM (1980), con estudios de maestría en Sociología en la UNAM y con especialización en Estudios Judaicos en la Universidad Iberoamericana. (1982-1985) Fue docente en la ENEP Acatlán, UNAM durante 10 años (1984-1994). Actualmente es profesora en diversas instituciones educativas privadas, judías y no judías.De 1983 a 1986 fue colaboradora semanal del periódico "El Nacional" tratando asuntos del Oriente Medio.Desde 1986 hasta la fecha es editorialista semanal en el periódico Excélsior donde trata asuntos internacionales.Es comentarista sobre asuntos del Medio Oriente en medios de comunicación electrónica.Publicaciones:"Los orígenes del sindicalismo ferrocarrilero". Ediciones El Caballito S.A., México, 1982.En coautoría con Golde Cukier, "Panorama del Medio Oriente Contemporáneo". Editorial Nugali, México, 1988.Formó parte del equipo de investigación y redacción del libro documental "Imágenes de un encuentro. La presencia judía en México en la primera mitad del siglo XX" publicado por la UNAM, Tribuna Israelita y Multibanco Mercantil, México, 1992.Coautora de "Humanismo y cultura judía". Editado por UNAM y Tribuna Israelita. José Gordon, coordinador. México, 1999.Coordinadora editorial de El rostro de la verdad. Testimonios de sobrevivientes del Holocausto en México. Ed. Memoria y Tolerancia, México, 2002.Redactora de la entrada sobre "Antisemitismo en México" en Antisemitism: A Historical Encyclopedia of Prejudice and Persecution". Ed. ABC CLIO, Chicago University, 2005."Presencia judía en Iberoamérica", en El judaísmo en Iberoamérica. Edición de Reyes Mate y Ricardo Forster. EIR 06 Enciclopedia Iberoamericana de Religiones. Editorial Trotta. , Madrid, 2007.Artículos diversos en revistas de circulación nacional e internacional.