Diario Judío México - Las nuevas comunidades islámicas, floreciendo en un contexto sociocultural y religioso en el que son minoría, se enfrentan a la necesidad de establecer un medio apropiado para su práctica y desarrollar una posición que les permita, tanto a nivel individual como grupal, mantener dicha práctica en su dignidad y pureza esenciales. Esto se hace aún más necesario en un medio en el que el desconocimiento del Islam es casi total, aunado a las distorsiones que los medios de comunicación difunden acerca de él. Además, el “nuevo” musulmán se enfrenta a un entorno familiar y cultural dominado por un exclusivismo religioso que, aunque se ha ido transformando en las últimas décadas por la insatisfacción espiritual que ha producido en muchas almas, en ciertos ámbitos sigue viendo al Islam como algo inasible, ajeno, lejano y exótico.

Quisiera dejar oír la voz de Sheij Nur Al Yerraji en su planteamiento de estas cuestiones:

“Los que integran la civilización occidental no han sido educados sensiblemente o siquiera informados acertadamente respecto al Islam, no como cristianos ni como judíos, tampoco sencillamente como individuos responsables intelectualmente. Por más de mil años se han infundido en las culturas europeas prejuicios obvios y sutiles en contra de la vía de amor y sabiduría llamada Islam. Incluso algunas personas de buena voluntad que han tenido contacto con el Islam siguen interpretando la reverencia por el Profeta Mujámmad (s.a.w.s.) y la aceptación global de su mensaje como la supervivencia inexplicable del fervor de una antigua tribu del desierto. Esta visión ignora catorce siglos de civilización islámica, que ha florecido en forma extraordinaria con artistas, estudiosos, estadistas, filántropos, científicos, caballerosos guerreros, filósofos, santos y místicos, así como también con incontables hombres y mujeres comunes, devotos y sabios, de casi todas las naciones del planeta.”

“La coherente civilización llamada Islam, fundada en la visión del Corán, no se puede considerar simplemente como el producto de una ambición individual y nacional, respaldada por accidentes históricos. Esta vasta comunidad espiritual, integrada hoy por más de mil millones de personas, puede entenderse solamente como resultado de la vida sagrada de Mujámmad (s.a.w.s.). El Islam seguirá floreciendo en el futuro en todo el planeta, despertando a seres humanos a la verdadera nobleza del alma y a lo sublime de su Fuente, haciendo posible para un gran segmento de la humanidad una forma de vida disciplinada y armoniosa.”

“…El poder de la auténtica revelación no se puede entender simplemente en función de la historia y cultural. Existe una Fuente Última de la cual el universo entero está fluyendo en armonía.”

“No hay forma en que yo pueda hacer que se desvanezca toda impresión falsa o incompleta que los lectores de este libro puedan tener acerca de la espiritualidad islámica. En cambio, les pido que experimenten suspendiendo temporalmente cualquier juicio negativo. Simplemente asuman que el Islam está entre las tradiciones de gran sabiduría de la humanidad, todas las cuales merecen un respeto fundamental. Esto propiciará una actitud de apertura en la que el lector podrá beber de la fuente iluminadora del Sagrado Corán.”

1—Elementos para una convivencia armoniosa

En esta ponencia queremos compartir algunas ideas y experiencias de nuestra pequeña comunidad islámica en , sobre algunos elementos y principios que nos han ayudado a aclararnos a nosotros mismos y a los que nos rodean, en el camino hacia una convivencia -y no sólo sobrevivencia- con respeto y armonía.

En , como todos sabemos, la mayoría de la población se declara cristiana, y más específicamente católica. Para los “nuevos” musulmanes que somos (o “conversos” desde otro punto de vista), así como para los de nuestro entorno más inmediato, ha resultado de suma importancia conocer los puntos de unión entre el cristianismo y el Islam, buscando sortear las contradicciones. Como sabemos, en el Islam la guía para toda conducta personal o comunitaria proviene de la revelación, el Sagrado Corán, así como de la bendita tradición oral del Profeta Mujámmad (s.a.w.s.). A continuación presentamos algunos de ellos, aunque puedan ser del conocimiento de la mayoría de nosotros:

El mensaje esencial de todos los profetas ha sido el mismo: Lá iláha ila-l-láh. No hay nada digno de adoración, excepto el Dios Uno, y el mensaje universal del Islam confirma la armonía esencial de todas las religiones reveladas y su coexistencia pacífica sobre la tierra (Sura 42: 13-18)
Los musulmanes reconocen que Jesús, la paz esté con él, es el sublime siervo de Dios y uno de Sus divinos mensajeros. Con el conocimiento de que Jesús fue creado sin padre, lo llaman Ruhul-láh, el Espíritu de Dios.

“Al-láh el Más Alto elogia a los Padres y Madres del Desierto del cristianismo antiguo como dedicados amantes de Dios que han renunciado al mundo para vivir en Su cercanía, y cuyos ojos derraman lágrimas al reconocer las palabras divinas del Corán como la verdad viviente.”

“De acuerdo a la tradición oral islámica, la condición profética de Mujámmad (s.a.w.s.) fue percibida y confirmada cuando él era un niño por un Padre del desierto cristiano.”

“La armonía espiritual entre cristianismo e Islam se resume en un hermoso dicho del profeta Mujámmad (s.a.w.s.). “Aquel que ama a Jesús y a mí recibe una doble bendición”. ¿Qué otra religión en el mundo ha reconocido este nivel de correspondencia con la tradición precedente? El Dios Uno revela en Su glorioso Corán que las diferencias entre Sus diversas revelaciones globales serán aclaradas solamente por Él, al final de los tiempos. Esta convicción divina implica claramente que nuestra tarea es alcanzar la armonía espiritual y el amor por toda la humanidad sin excepción, en lugar de involucrarnos estériles o agresivos debates religiosos.”

“En otra parte del Corán, Al-láh el Más Alto explica que pudo haber unificado a todas las naciones en una sola comunidad religiosa, sin embargo desarrolló la pluralidad de comunidades sagradas como una prueba para el alma. El alma enfrenta esta prueba divina exitosamente a través de la humildad, el sosiego y el compromiso con el principio de unidad, y no a través del odio o el divisionismo.”

“Ambas comunidades, musulmanes y cristianos, aceptan tanto el nacimiento virginal del amado Jesús (a.s.), como su misteriosa ascención corporal al Paraíso. También las dos tradiciones aguardan fielmente la palpable segunda venida de Jesús, el Mesías, como se hace referencia en el Sagrado Corán. Por lo tanto, los cristianos y los musulmanes están de acuerdo en cuanto a la misteriosa aparición y desaparición de Jesús (a.s.)”

“En cierta ocasión, un musulmán le preguntó al sheij Muzzafer Ozak: ‘Efendi, ¿por qué es que nosotros sí aceptamos de todo corazón y veneramos a la Virgen Madre y a su amado hijo Jesús, mientras que los cristianos después de catorce siglos todavía no aceptan la autenticidad de nuestro noble Profeta?’ El gran sheij, riendo con su conocido buen humor, respondió simplemente: ‘Ellos llegaron primero. A nosotros nos concierne respetarlos y no insistir en que ellos nos respeten a nosotros’. Otro musulmán se acercó a Muzzafer Efendi y preguntó: ‘¿Qué pasará en el Día del Juicio a las almas cristianas que han rechazado e inclusive ridiculizado, la naturaleza profética del Mensajero de Al-láh?’ Este hombre de gran humildad, respondió inmediatamente: ‘El amor genuino que cualquier cristiano siente por el Mesías Jesús será tomado en cuenta como amor por el Profeta Mujámmad, que la paz y bendiciones de al-láh estén con ambos. El amor sincero que cualquier judío siente por el noble Abraham y el noble Moisés será tomado en cuenta igualmente como amor por Mujámmad, el sello de la profecía. ¿Por qué? Porque Al-láh, el Más Alto, enseña claramente en Su glorioso Corán, que todos los mensajeros comparten una sola esencia’.

2. Algunos principios y características a tomarse en cuenta en una comunidad musulmana inserta en un contexto con mayoría de otra(s) religión(es)

En nuestra experiencia, hemos visto repetidamente que el prejuicio contra el Islam muchas veces se disuelve en el contacto directo con la práctica espiritual de una comunidad, por pequeña que sea, de los que han abrazado el Islam. Y esta práctica sincera debiera naturalmente conducir, con la guía de Al-láh, a una actitud y a una conducta para con su entorno, cualquiera que éste sea, congruentes con el espíritu de tolerancia, justicia y armonía que nos presenta el cuerpo de enseñanza del Islam. En este sentido, no podemos hacer de nuestras comunidades guetos, ni alentar en ellas el más mínimo sentimiento elitista. La existencia digna de nuestras comunidades se da en el espacio abierto, en la búsqueda de una convivencia armoniosa y apreciativa hacia los que nos rodean. Una tendencia que puede surgir en los miembros de una comunidad nueva es la actitud de tratar de “convencer” a los demás de las bondades del Islam. Esto está bastante lejos, por lo menos en nuestra experiencia, de ayudar a consolidar el espacio digno que merece el Islam. Los llamados al Islam no acuden a un llamado proselitista sino a la llamada divina. El equilibrio entre permanecer abiertos y a la vez no tener una compulsión por atraer adeptos, genera el espacio que necesita la gente para acercarse al Islam sin temor.

Como nos recuerda el Sagrado Corán:

Si hubiera sido la Voluntad del Señor, todos en la tierra creerían sincera y abiertamente. ¿Por qué entonces deberían intentar persuadir u obligar a alguien para volverse creyente?(Sura 10:99)

El Sagrado Corán revela que, durante la larga historia de la humanidad, se han enviado profetas auténticos a cada nación espiritual, sin excepción. La palabra de Al-láh también proclama que nunca se debe hacer alguna distinción esencial entre estos inspirados mensajeros. El Corán declara que tampoco debería existir la más mínima compulsión en el camino de la religión universal. La verdadera religión no puede ser impuesta desde afuera sino que es natural al alma humana.

Nunca disputen agresivamente con aquellos entre las varias gentes de la Revelación que son pacíficos y sinceros, sino que afirmen amorosamente: “creemos en la integridad de la Revelación Divina Esencial que ha descendido a nosotros igualmente que a ustedes. Al-láh el Más Alto es la Realidad Una a Quien todos nosotros reverenciamos ya Quien sometemos nuestras almas”.(Sura 29:46)

Un aspecto que hemos encontrado fructífero es la búsqueda de inserción en cada vez más espacios desde los cuales difundir una visión de lo que significa el Islam, no en una versión monolítica, ni en lo religioso ni en lo cultural, sino en sus dimensiones profundas de universalidad, de abrazo a la humanidad como un solo cuerpo, mostrando, en conjunción y en armonía con la diversidad, el potencial que le es reservado al ser humano por la misericordia divina.

Esta necesidad de apertura hacia la diversidad es a la vez un ejercicio de respeto por la libertad religiosa y una forma promoción del diálogo y el acercamiento necesarios para una convivencia armoniosa. En este sentido, es importante la búsqueda de puntos de acuerdo que abran espacios para el trabajo conjunto –por ejemplo en , a partir del interés común en la promoción de una ley que diera reconocimiento legal a más asociaciones religiosas, derivó en la formación del Consejo Interreligioso de que un tiempo después pudo generar un documento tan importante como el Código de Ética entre Religiones.

Finalmente, el solo hecho de preservar nuestra práctica, independientemente de las condiciones que tengamos en nuestro medio, es en sí mismo un servicio que se presta a la familia humana. Ser el testimonio viviente de un modo de vida que nos dignifica como seres humanos, dignifica al mismo tiempo ante nuestros ojos a todo ser humano, apreciándolo en su propio camino. El Islam, la sumisión a nuestra Única Fuente y a Su Voluntad, poniendo toda confianza en Sus manos, basta como objetivo, medio y meta.

No puede haber absolutamente ninguna compulsión en la religión universal. Simplemente permitan a la Verdad Viviente permanecer claramente fuera de error. Quienquiera que evite toda negación y viva afirmando sólo a Al-láh es uno que ha comprendido la esencia indestructible. Al-láh el Altísimo es la Única Consciencia que constituye toda visión y audición.(Sura 2: 256)

Simplemente oren de manera incesante, den generosamente, asimilen completamente el sagrado modo de vida del Mensajero, y recibirán infinita Misericordia Divina. (Sura 24: 56)

* Abdul Malik Al-Yerraji, Orden Sufi Jalveti Yerraji de

Fuente: http://www.islamhoy.org/principal/Latinoamerica/mexico/articulos.htm#abdul

FuenteIslamHoy.org
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