"Tiempo de sembrar y tiempo de cosechar" dice el Eclesiastés del Rey Salomón, significando que las cosas tienen su ritmo, que nuestras acciones deben de armonizar con el tiempo.

El Eclesiastés fue escrito para una sociedad agrícola, con ciclos biológicos determinados por las estaciones, cuando el tiempo se medía con una estaca en el suelo para registrar el giro del sol. Tres mil años después modificamos el hábitat y la genética y podemos cosechar todo el año. ¿Es tiempo de actualizar nuestros relojes? Analicemos varias áreas.

Política. La falta de medidas rápidas y eficientes contra la crisis financiera de los EUA precipitó una recesión mundial. Una nueva Administración aguarda dos meses (desde el día de la elección hasta la toma de posesión) para gobernar contra la recesión, en un ritual de transición diseñado cuando John Adams reemplazó a George Washington, hace 211 años, durante la era de los primeros relojes mecánicos. Es hora de hacer transiciones más cortas.

En otro aspecto, tenemos un modelo de gobierno democrático del siglo XVIII, basado en representantes. Sin embargo, hoy el Internet nos permite votar desde cualquier computadora, todo el tiempo. Implementar la votación directa evitaría grandes vicios, saltaríamos cualitativamente del "arte" a la "tecnología" de gobernar, recuperando los relojes que nos han sido expropiados.

Ciencia. Mientras esperamos las campanadas del reloj de la aldea para priorizar la agenda científica del siglo XXI, el calentamiento global está cambiando todo el planeta, aumentando las zonas áridas, disminuyendo el abasto de agua potable e inundando las franjas costeras, el caso de Villahermosa. El resultado será hambre y grandes desplazamientos poblacionales, fermento de luchas por apoderarse de recursos naturales, como en África. Urge incentivar tecnologías que reduzcan el consumo de petróleo y carbón, el de nitrógeno como fertilizante, etc.

Otras manifestaciones de paraplejia social es la prohibición de investigar células madres embrionarias, retrasando el combate a las enfermedades. Además, ignoramos a la tuberculosis que regresa con resistencia a los antibióticos, se esparce a velocidad acelerada matando más personas que la malaria, sin medidas de protección ni de investigación adecuadas. Pronto globalizaremos esta enfermedad vía pasajeros contaminados en rutas internacionales.

Drogas. Las estrategias de combate a los carteles de drogas parecen copiar a Eliot Nes y su grupo elite, en la película "Los Intocables", de Brian de Palma. Al final, lo que eliminó las mafias de Chicago fue legalizar el alcohol, y es momento de discutir si esta solución se aplica a las drogas.

Estudios serios documentan que sólo un porcentaje minoritario de la sociedad se ve afectada permanentemente por drogas, y que poco se puede hacer por evitar su adicción.

Hasta ahora la lucha frontal contra las drogas no ha reducido el consumo y sí ha causado grandes penurias a la sociedad, que lucha con relojes de plástico contra bandas que se equipan con GPS.

Educación. No es necesario abundar en este tema en México ni en la mayor parte del mundo, donde la mayoría de los alumnos son ajenos al Internet y el tiempo se determina en los relojes de oro del sindicato de maestros, o de organizaciones religiosas y gubernamentales, con un clic-clac que proviene del cielo y de dictadores sin escrúpulos. ¡Estamos tarde!

Relaciones Internacionales. La ONU rechaza la ingerencia externa en los affaires de cualquier nación. En supuesta defensa de la soberanía y para evitar el colonialismo, se da pie a que nefastos dictadores cometan injusticias y atrocidades contra sectores de su población. Ejemplos abundan, desde Darfur a Corea del Norte, Venezuela a Irán, Congo a Tíbet, Zimbabwe a Myanmar. Los relojes de las Naciones Unidas requieren de un cambio de mecanismo para intervenir con fuerza, de manera concertada, contra regímenes totalitarios.

Conclusiones. El mundo del Eclesiastés, con el tiempo, se expandió y se contrajo, en un proceso de Big-Bang. Hoy estamos tan cerca unos de otros como la velocidad de la luz lo permite; la humanidad cabe hoy en la manecilla de un solo reloj. Es tiempo de aceptar, conocer y adecuarnos a este proceso.

Es tiempo de sembrar.

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