En una reciente entrevista, Israel Buszkaniec, flamante Presidente del C. Central Israelita del Uruguay, atribuyó a la ignorancia de sus conciudadanos no judíos la responsabilidad por la indiferencia generalizada de esa población ante la última ola de actos considerados antisemitas. En su respuesta afirmó: “Se usa demasiado la ignorancia de la gente, generalmente el tema más usado para generar antisemitismo es el Medio Oriente, es muy notorio, cada vez saben menos y opinan más”[1]

Sin entrar a analizar la típica posición arrogante de líderes judíos hacia conciudadanos no judíos (¿de dónde suponen que la población no judía no sabe perfectamente lo que hace Israel en Cisjordania?), el Sr. Buszkaniec peca pues también a él le encanta mirar la paja en el ojo ajeno y no la viga en ojos de Israel y el judaísmo.

Difícilmente se podría afirmar fehacientemente que la población judía de Uruguay, y de la diáspora en general, está mejor informada respecto de los acontecimientos en que sus vecinos no judíos. Lamentablemente los directivos de las instituciones judías y la mayoría de los medios de información de la colectividad en su idioma se entusiasman por difundir casi únicamente todo material que adula y enaltece a Israel y los judíos y/o denigra y desprestigia a los árabes. No interesa los argumentos, no interesa la seriedad, no interesa una descripción acertada de los acontecimientos, todo material siempre será bienvenido y retrasmitido en tanto y en cuanto se alaba a Israel y critica a los árabes. El resto en cuentagotas o a la basura.

Esta falta de responsabilidad informativa los lleva en reiteradas ocasiones a dar lugar a publicar groseros dislates que en la práctica no ayudan a la “causa” y, por el contrario, dan munición al “enemigo”.

Esta semana fuimos testigos de un nuevo intento de interferir en la visión de los judíos de la diáspora fomentando una captación tergiversada de la realidad. En un escueto artículo publicado en algunos medios de difusión judíos de la diáspora, David Mandel arriba a una conclusión que, de ser verdad, seguramente revolucionará las posturas para resolver conflictos o violencia provenientes de poblaciones musulmana.

El veterano analista israelí finaliza su artículo con la insólita conclusión: “La violencia, el fanatismo, la superstición, el atraso, y el caos que caracterizan a muchos países árabes se deben tanto o más a causas genéticas y hereditarias que a causas culturales”[2].

Evidentemente, el autor de dicho artículo se debe considerar un experto de primera línea internacional en genética ya que el material publicado no hace referencia a ninguna fuente seria de datos que avale su conclusión. Más aun, ni siquiera toma en cuenta la evidente contradicción de su conclusión con el corolario de investigaciones de instituciones de reconocido renombre internacional que demuestran la existencia de una gran similitud genética entre judíos y palestinos. Investigadores de la Universidad Hebrea y del Hospital Hadasa, ambos de Jerusalén, afirman que “judíos y palestinos son casi idénticos genéticamente”[3], mientras que un estudio paralelo del Programa de Genética Humana de la Universidad de Nueva York arribó a la conclusión que “los judíos son los hermanos genéticos de palestinos, sirios y libaneses”[4].

El artículo de Mandel no es el único intento de movilizar la genética para la causa judía. Este último se entrelaza y complementa perfectamente con la conclusión a que arribó Pilar Rahola 9 años atrás. En esa oportunidad la reconocida periodista catalana se convenció que “nada relevante en el terreno del pensamiento, la ciencia y la creación se puede explicar sin la extraordinaria aportación del pueblo judío”. La única razón, seguramente, debe ser la existencia de un “factor X” en el pueblo judío[5].

La conjunción de estos dos “revolucionarios avances científicos” nos demuestra que todos los esfuerzos a que nos acostumbraron hasta el presente (militares o pacifistas) destinados a combatir la violencia proveniente de los movimientos islamitas extremistas, básicamente están destinados al fracaso.

Mandel y Rahola nos enseñan que no se necesitan ataques militares ni conferencias de paz. Solo es necesario encontrar un experto en ingeniería genética dispuesto a experimentar con seres humanos el método práctico por el cual se pueda trasplantar ese “Factor X de los judíos” al DNA de poblaciones árabes. Por ese camino tan simple y sencillo se puede terminar definitiva y simplemente con “el problema genético de los árabes”.

El General Yair Golán, Subjefe del Estado Mayor del Ejército de Israel, declaró recientemente: “Si hay algo que me da mucho temor en la rememoración de la Shoa, es la identificación de procesos que producen estremecimiento que ocurrieron en Europa y Alemania entonces, hace 70, 80 y 90 años, y encontrar atestiguamiento de su presencia aquí y hoy, en nuestro alrededor”[6].

Da la impresión que el General Golán sabe de lo que habla.

Ojalá me equivoque

Daniel Kupervaser

[1] “Entrevista a Israel Buszkaniec”, Mensuario Identidad, Uruguay, 1-6-16

[2] “El problema genético de los árabes”, David Mandel, Mienfoque 600, reproducido en página Anajnu de Chile, 2-6-16.

[3] “Estudio revela que judíos y palestinos son casi idénticos genéticamente”, EMOL: Chile, 18-11-2000

[4] “judíos y palestinos comparten similar origen genético”, Clarín, 9-5-2000.

[5] “El factor X de los judíos”, Pilar Rahola, Diario El País, España, 7-7-2007

[6] “Ministro de Defensa defiende al General Golan”, Haaretz, 5-5-16

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Argentino de 65 años y vivo en Israel desde 1973.Licenciado en Economía de Argentina.Prolongada vinculación con la agricultura de Israel, incluyendo proyectos en diferentes países del mundo.Actualmente asesor inmobiliario en la empresa Anglo-Saxon Raanana.Guía de turismo en la ciudad de Tel Aviv (Hobby).Disertante de actualidad israelí a grupos de habla española.Creador del Blog "Ojalá me equivoque" ( http://daniel.kupervaser.com/blog/ ) donde trato de exponer mis puntos de vista como sionista respecto de lo que considero el camino erróneo que transita Israel y el judaísmo del mundo en los últimos años.