Diario Judío México - “El Islam es como un agua clara y pura que toma la forma del recipiente en que se vierte.”
Sheij Muzaffer Ashki al-Yerraji

Las vigorosas comunidades musulmanas, incluidos los círculos sufis, que proliferan en culturas no islámicas occidentales y en las de habla hispana, son, por decirlo así, como recipientes nuevos para el Islam. Exhiben apariencias muy variadas. Sus formas, incluso pueden ser percibidas por la mirada del mundo convencional -que opera también en el pensamiento religioso- como demasiado exóticas, como contaminadas o incluso como extrañas al Islam. Este tipo de corriente de pensamiento tiende a desestimar la pureza del agua a través del examen de la forma del recipiente. Prefiere dictaminar sobre el jarro que beber de él. Es una mirada inconsciente tanto de la diversidad que pulsa en el medio cultural, como de la que expresa como recipiente individual. Tiende a construir e imaginar una universalidad islámicas monolítica y gris, que niega toda diferencia y especificidad. Este tipo de mentalidad es un verdadero dolor de cabeza para las comunidades de musulmanes que están floreciendo.
Sé que es peligroso generalizar la experiencia que hemos tenido en nuestra comunidad, en . Pero intuitivamente pienso que nuestra vivencia no está desasociada de la experiencia de los demás círculos de musulmanes occidentales. Tampoco creo que sea un fenómeno exclusivo del cuerpo del Islam. Esa misma voz esta en todas las tradiciones sagradas: juzgando, dividiendo, haciendo cuidadosas disecciones entre los que considera ciudadanos de primera y segunda de los universos sagrados, e intentando imponer una identidad que invalide las expresiones de lo diverso en favor de los códigos, los usos y las costumbres culturales propias. Como humanidad hemos podido atestiguar, en el extremo de este tipo de visión, actos criminales, del todo ajenos a la compasión y la misericordia que traen a la experiencia humana el Islam y las demás revelaciones.

Este modo de pensamiento distorsionado ataca directamente la ternura de los corazones creyentes. Esta voz legitima una sola forma de recipiente, sea cultural o sea personal. Habla desde el cuerpo de convenciones y limitaciones con el que interpretamos y recreamos desde nosotros el mundo. Un mundo a la medida de nuestro ego individual o social, que se nos presente seguro, totalizado y uniforme. Un mundo por cierto muy estrecho, plagado de idolatrías en las que se levanta al propio entendimiento por sobre la sabiduría de la Revelación.

Incluso entre las estrecheces de este tipo de pensamiento religioso convencional hay distintos grados de sofoco. Y con mucho, quizá el espacio más asfixiante es el que se asigna a la mujer, rayando a veces en la crueldad o la animalidad. No es necesario decir, que estos espacios son del todo contrarios a la liberación, la libertad y dignidad con que Dios unge a la humanidad.

La revelación coránica nos descubre la diversidad humana y la de los universos sagrados como una misericordia divina. Nos instruye a contemplarla como un misterio de Su Voluntad, idéntica a Su Misericordia, que aclarará en el Día de la Resurrección. Nos invita a respetar las manifestaciones de su guía más allá del propio entendimiento, por brillante y amplio que consideremos que sea, y nos previene sobre el error de juzgar la intimidad del creyente con Su Señor.

Abú Talib al-Makki, autor del “Alimento de los Corazones”, y otros sabios del Islam también han explicado ampliamente, que “Dios nunca se muestra a Sí mismo en una sola forma a dos individuos, ni en una sola forma dos veces”. La Creación es constantemente renovada y cada alma es una cristalización única e irrepetible de Atributos Divinos, porque Dios no se repite a Sí mismo. ¿Cómo se podría entonces no apreciar el origen divino de la diversidad humana, de la diversidad religiosa?

Este foro me parece un espacio privilegiado en el que apreciar esta enseñanza. Una oportunidad que podría favorecer la creación de redes entre hermanas y hermanos que están constantemente reconstruyendo su visión del mundo en busca de la verificación en sí mismos de la mirada profética. Inconcebiblemente abarcadora, nunca despreciativa, que atraviesa lo que no tiene existencia real en nosotros para abrir espacio interior a la unicidad que subyace en lo diverso.

Digo todo esto no para hacer una defensa de la muy cuestionable cultura occidental dominante hoy, ni para negar los valores que puedan tener las culturas orientales. La cultura, cualquiera, es un cuerpo de interpretación de la experiencia de los pueblos, y como toda interpretación humana, tendrá rasgos más o menos cercanos a la Verdad y tendrá zonas oscuras. Es más bien para reflexionar sobre nuestras particularidades y el trabajo común que podemos hacer los que abrazamos y fuimos abrazados por el Islam en medios culturales similares y no islámicos. Lo que puede verse como una desventaja, no tener por lengua materna el árabe, no haber crecido en una sociedad musulmana, etc., y que nos puede hacer aparecer como ciudadanos de segunda del Universo islámico, es posiblemente una tremenda bendición que nos impulsa a cuestionar los más variados y ocultos juicios y distorsiones que forman parte constitutiva del cuerpo cultural en que vivimos y del cuerpo cultural islámico.

No puedo evitar, teniendo en claro la excepcionalidad irrepetible del evento original, ver cierto reflejo del desarrollo de la comunidad original del Profeta Mujámmed (s.a.w.s.) en el florecimiento de estas nuevas comunidades. La revelación llega a nosotros sin las asperezas y rigideces que causan siglos de cruzamiento de elementos culturales con las interpretaciones limitadas de lo religioso.

La revelación llega a autodevelarse en los corazones y a disolver prejuicios. Este proceso puede causar una especie de crisis de identidad. En algún momento algunos podemos preguntarnos cómo se supone que debe “lucir” un musulmán o una musulmana, nos preguntamos sobre el uso del velo, y sobre la relación entre hombres y mujeres, y otros asuntos espinosos, como los posibles conflictos con nuestra familia, posiblemente practicantes de otra tradición sagrada.

Hacen crisis en nosotros los valores y principios culturales que teníamos integrados, y vemos que muchos de ellos no pasaron por la claridad de la conciencia. Pero no creo que tengamos que atravesar una clarificación de la visión del mundo evaluándola bajo una nueva luz, la de la Revelación, para luego vestir -como un corsé- una nueva identidad cultural limitada. El proceso de clarificación no parece estar relacionado con la negación de nuestra experiencia vital, ni del total de la cultura en que nacimos, ni de la historia de nuestras vidas. Seguramente todos aquí hemos visto alguna vez los efectos del intento de revestirnos de formas culturales llamadas islámicas que pueden distanciarnos de la frescura y vitalidad de la Revelación. Quizá también hemos visto la disolución del espíritu comunal por la censura que viene del pensamiento disgregador o el quebrantamiento de corazones por el prejuicio.

La apropiación genuina de un modo santo de vida nos desnuda de todo elemento de imitación, de prejuicio, de limitación, y censura. Y la posibilidad de compartir aquí el distinto proceso de apropiación, de actualización del Islam, puede darnos posibilidad de tender puentes, de tener labores de tejedor haciendo redes de comunicación que vinculen nuestras comunidades. Podemos ser caja de resonancia para una voz compasiva e intrépida que exprese la regia amplitud de las puertas del Islam y se haga eco de la clarificación constante a la que la humanidad es llamada, a la que todo universo sagrado está siendo llamado.

Qué particularidades tiene hoy ser musulmán, budista, cristiano, en el momento en que las culturas, las religiones, las prácticas sociales no son contenidas por fronteras territoriales. Este fenómeno trajo al primer plano de nuestro mundo la necesidad del aprecio y la protección de la diversidad como riqueza de la humanidad. Como el lugar que refleja la belleza del rostro divino. Y nos exige la revisión de los prejuicios que podamos tener contra el otro, y el aprendizaje de modos de comunicación armoniosos y genuinamente apreciativos de la diversidad interna del Islam, y de la diversidad respecto de las demás tradiciones sagradas. Se trata quizá de ser capaces de seguir nuestros caminos sin proyectar nuestras limitaciones sobre los caminos que proponen los otros universos revelados.

El proceso de clarificación de lo que en nosotros es mundo, es prejuicio, es adición cultural, nos puede aproximar al cuestionamiento del tipo de relaciones humanas (del signo que sean) en que estamos inmersos. Muchas de ellas establecidas en el terreno de las relaciones de poder. Con formas propias, en las actuales culturas dominantes, en occidente y oriente, buena parte de las relaciones humanas se construyen sobre la base de relaciones de poder y dominación, no sobre relaciones simétricas que privilegien la circulación del . Vemos suceder esto en la cultura, en lo social, en lo religioso, en lo familiar, o en los espacios de intersección de estos ámbitos. La Revelación propone relaciones simétricas, no piramidales. Da la opción de profundizar en un tipo de relación en la que circulan distintos grados de y compasión y no de poder humano. La “jerarquía” tiene una vinculación directa en grados con el servicio y la responsabilidad, no con el ejercicio del poder y la dominación. A mayor jerarquía corresponden más intensos niveles de servicio y compromiso, en otras palabras mayor circulación de y compasión. Este punto quizá es el que a mí en lo personal más me impacta. Vislumbrar en el Corán formas de organización social que están por venir, que estando plasmadas en el cuerpo del Corán permanecen lejos de nuestra vista porque no ha llegado el tiempo de comprender sus sentidos cabalmente.

Por esto decía que estamos viviendo una experiencia que, aunque reflejada en un pequeño espejo, contiene a la escala de nuestra experiencia, la dimensión original del advenimiento del Corán en la comunidad profética. No podemos ser musulmanes clones de los que producen otras culturas, no podemos dejar de hacer traducciones que nos acerquen el agua clara del Islam a la boca, no podemos erigirnos en jueces que validan o invalidan los procesos que la Revelación trae a los corazones. No podemos tampoco desechar la experiencia de ningún musulmán, ni dejar de tomar en cuenta el conocimiento producido por inspiración divina en tantos siglos de Islam. Es más bien que requerimos darnos espacio para transformarnos, requerimos de apertura para que los corazones puedan vibrar con la guía y la transmisión directa de la voz divina, del Corán, para que no sumemos durezas a las que nos produce la experiencia de vivir. Para dejar que lo que viene vivo pueda deshacer los muros de arena culturales y permitirnos una comunicación profunda, respetuosa y digna, con la veracidad, el respeto y la dignidad que nos trae el Islam.

¿Cuáles son los caminos que llevan a las comunidades al fortalecimiento y arraigo, en el ámbito cultural en que vivimos? En un sentido más real, los caminos comunales serán seguramente tan únicos e irrepetibles como lo es la experiencia individual de cada ser humano. Pero quizá el fortalecimiento está en relación con la capacidad de las comunidades para desarrollarse como una fuerza positiva y creativa. Que se afirme integrando al proceso de crecimiento lo mejor de nuestros pueblos. Volviendo a la frase inicial de este texto, creo que ser musulmán en nuestros países no tiene que significar la negación de los valores que son nobles y afines a la Revelación, porque el Islam es esa agua clara, incorruptible, que toma la forma del recipiente en que se vierte. Y lo mejor de nuestras culturas pueden ser recipiente tan hermoso como lo es lo mejor de las culturas orientales islámicas.

¿En qué podemos trabajar aquí para servir a los que vendrán después de nosotros? El Sagrado Corán ocupa el lugar central de transmisión de guía divina, complementándose con el Bendito Hadiz. Quizá podríamos revisar las traducciones del Corán al español en forma conjunta, en mi humilde opinión sería bueno tener la traducción del Corán en inglés de Yusuf Alí con las notas completas. Quizá podamos formar un círculo de mujeres y hombres de diferentes culturas y nacionalidades de habla hispana que reflexionen juntos, que aprendan juntos, de la traducción y transliteración del Corán al español, y del espíritu original del Jadiz. Que trabajen sobre las experiencias y obstáculos con que las comunidades se encuentran en el camino que nos propone el Islam universal para alcanzar el estado de completud, de humanidad perfecta. Pero seguramente lo que se geste en esta primera reunión simplemente de la actividad de conocernos, oírnos y estar juntos compartiéndonos será, Inshaláh, más interesante que cualquier propuesta que pueda yo traer.

Fuente: Málika al-Yerraji, D.F. 2003, http://www.islamhoy.org/principal/Latinoamerica/mexico/articulos.htm#sol