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El número ocho. Siempre ahí. El número que llama a nuestra suerte. El número de nuestro papá. El ocho que tiene un equilibro excepcional. Se cree que el número 8 representa la unión de las dos esferas, la del cielo y la de la tierra. Va de arriba a abajo y de abajo a arriba.

Aquí conocen a Eduardo Margolis, el empresario, el peleador, el altruista, el ser humano, entre otras cosas; nosotras queremos hablar de Eddy, nuestro papá, el que admiramos y queremos.

Pa:

Qué mejor forma para agradecerte lo que hemos aprendido de ti, resumiéndolo en 8 puntos:

  1. Fortaleza mental: nos has enseñado que eres una persona que siempre logras lo que quieres y que la mente es muy poderosa. A lo largo de tu vida has pasado por muchas adversidades, que gracias a ellas te han hecho la persona que eres hoy en día
  2. Educación: a tu manera nos has enseñado a valorar lo que tenemos y siempre estar agradecidas con la vida.
  3. Autenticidad: a tener nuestra propia manera de pensar y expresar siempre lo que sentimos.
  4. Valores: a lo largo de nuestra educación lo más importante han sido los diferentes valores que nos has inculcado como el ayudar y pensar en el otro.
  5. A desconfiar: si, a desconfiar de todos hasta que no te demuestren lo contrario. Hemos aprendido a cuidarnos y analizar lo que nos rodea. A tener ojos en la espalda.
  6. Sencillez: nos has educado para tener lo necesario y así vivir felices. Que lo material no trae las alegrías.
  7. A ser autosuficientes: Nos enseñaste a resolver nuestros problemas.
  8. El último y no menos importante: Amor: aunque de vez en cuando te cueste trabajo demostrarnos tu cariño, siempre hemos sabido que nos quieres, que siempre estás cuando te necesitamos y que contamos con tu apoyo para todo.

Estos ocho puntos los tenemos presentes en nuestra mente y corazón y comienzan a trazarse en la vida de nuestros hijos, tus nietos.

Te queremos mucho.

Anita y Galiti
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Discurso de Lily, esposa del Sr. Eduardo Margolis

Primero quisiera agradecer a todos los que están aquí con nosotros en este día tan especial.

De alguna manera todo está conectado en este mundo; las casualidades no existen. ¿Por qué estamos aquí el día de hoy? ¿Por qué se han cruzado nuestros caminos con el de Eddy? ¿Por qué después de tantas quimioterapias y recaídas, Eddy sigue con vida? ¿Por qué las estadísticas han fallado? No, definitivamente esto no es casualidad.

Eddy es una persona muy especial y suigeneris que ha venido a tocar nuestras vidas de diferentes maneras y con distintos matices (y por matices no me refiero a sus restaurantes).

A lo largo de estos últimos siete años, Eddy ha permanecido en una lucha constante contra la leucemia, estando varias veces al filo de la muerte. Él nos ha reafirmado su forma de ser y de ver la vida.

Nos ha enseñado a luchar hasta el final, a ser guerreros incansables, a ver más allá y caminar siempre hacia adelante. A nunca rendirnos por más fuertes que sean los golpes. Nos ha enseñado a reírnos de nosotros mismos aunque el dolor parezca insoportable. A vivir intensamente y a levantarnos una y otra vez. A mantener la frente en alto ante cada neutropenia. A salvar su propia vida como ha salvado la vida de tantas personas.  A dar un paso hacia atrás para dar luego dos hacia adelante.

Nos ha enseñado a defender nuestros ideales hasta que el cuerpo lo permita, aunque muchas veces parecía que su corazón y pulmones se lo iban a impedir, pero sobre todo, Eddy nos ha enseñado a ser empáticos con el prójimo; que la felicidad no radica en el coche que tienes, la ropa que llevas puesta o el tamaño de tu casa, nos ha enseñado que la felicidad  radica en ayudar, en el dar.

Lo que hemos aprendido de Eddy no es casualidad, es una causalidad. Las adversidades, la enfermedad, las enseñanzas adquiridas…Todo ha pasado por algo y ese algo lo llevamos dentro cada uno de los aquí presentes.

Eddy: Sabes que eres muy querido y admirado por nosotros, tu familia. Gracias por tu protección y por darnos tanto sin esperar nada a cambio. Y como tú dices: ¡Qué bueno que estás vivo!

 

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2 COMENTARIOS

  1. EDUARDO,     Lei este artículo y las lágrimas salían de mis ojos sin control, no tengo el gusto de conocerte
    Personalmente, pero alguna vez hable contigo cuando presenté mi libro Nadia en México.
    Que manera tan transparente verdadera profunda y sentimental en las palabras de tus hijas y tu esposa. Tu has hecho mucho en la comunidad y te mereces un gran diploma de la vida, muchos homenajes y por tu esfuerzo al combatir tu enfermedad. Eres un gran hombre,.
    felicidades Esther Kershenovich

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