Si las elecciones se celebraran hoy, el bloque de Netanyahu recibiría 59 escaños y el del primer ministro Lapid 57, según una encuesta realizada por el Panel Politics para Maariv.

Para formar en Israel es necesario obtener, al menos, más de la mitad de las bancas, es decir, 61 escaños como mínimo. En el caso de que esto no ocurra, al partido que recibe la mayor cantidad de votos y por ende de bancas se le da prioridad para intentar formar .

Pero al no tener mayoría propia este partido debe negociar con otros bloques y formar una coalición con dos, tres o más fuerzas políticas, lo que hace difícil gobernar por el multipartidismo, la ideología antagonista entre las partes y los intereses, muchas veces, opuestos, algo que los israelíes tienen claro y por eso tendrán elecciones, en este caso anticipadas tras la disolución del de Bennett, por quinta vez en dos años.

De hecho, según los números publicados por Maariv, el Likud, partido que lidera Netanyahu, alcanzaría 31 escaños si las elecciones se celebrasen hoy, mientras que el partido del primer ministro Lapid, Yesh Atid, conseguiría 24 bancas.

A falta de un mes para las elecciones del 1º de noviembre, el Likud y Netanyahu, su líder durante dos décadas, intentan devolver al poder al mayor partido de Israel y a sus aliados religiosos de derechas argumentando que ninguna otra alternativa puede formar una coalición, especialmente sin los partidos árabes.

Por otro lado, en base a un sondeo realizado por el Instituto StaTneT de Yousef Makladeh, la tasa de votación en la sociedad árabe será solo del 39% en las próximas elecciones. La cifra más baja de la historia entre los ciudadanos de esa etnia en Israel.

A modo de comparación, la participación más baja fue en las últimas elecciones de 2021 y fue del 44,6%. Previamente, en la anterior contienda celebrada en 2020, se había alcanzado un récord de 64,8%. La Lista Compartida recibió entonces 15 mandatos.