guarda bajo el subsuelo millones de vestigios de todas las culturas que han pasado por su entorno. Ahora cientos de años después siguen apareciendo en cada paso, en cada excavación restos que nos recuerdan que no todo siempre fue como lo contemplamos.

Esto es lo que se podría extraer del ciclo de conferencias sobre la comunidad judía medieval que ayer tuvo su última sesión. En ella, el arqueólogo Ramón Villa fue el encargado de contextualizar histórica y socialmente el momento de usos y costumbres en el que se encontraba cuando se mantenía abierta al culto la recién hallada de los Golondrinos, en un donde tras la expulsión de los judíos, o el abandono de sus edificios, eran estos usados como hospitalidades en la mayoría de los casos. No fue el caso de esta sinagona, puesto que según explica Villa «fue simplemente abandonada, luego usada como basurero y se edificó encima», lo que a juicio del arqueólogo ha permitido que tras su hallazgo se encuentre «como si tan solo hubieran pasado tres semanas de su abandono», expresaba en declaraciones a La Tribuna.

Precisamente sobre la propia y lo que sus restos nos pueden aportar disertaron los también arqueólogos Elena Sánchez Peláez y Marcos Alonso, quien ponía de manifiesto el valor que supone el hallazgo para la ciudad de y la comprensión de lo que fue la cultura judía en la ciudad.

Alonso enfatizaba momentos antes del comienzo de la conferencia que se trató de un hallazgo prácticamente fortuito, pero del que su estado de conservación ha facilitado poder poner en valor con gran verosimilitud la importancia que en la época debió de tener el templo.

UBICACIÓN. Las actuales calle del Ángel y la calle del Colegio de Doncellas, en torno al promontorio en el que se encuentra el Paseo de la Virgen de Gracia, es donde se ubicaría esta Alcava o al-‘aqaba, en árabe, que quiere decir «colina», y sería donde se ubicase el barrio judío en el de la época. Lo que parece quedar refrendado tras la aparición en 2006 de un muro en esquina, de grandes dimensiones y factura mudéjar, así como otros restos en los que el arqueólogo de la excavación, Marcos Alonso García, identificó la de los Golondrinos, llamada así por encontrarse en la antigua propiedad de la familia de Juan Álvarez ‘Golondrino’. Una zona en la que se encontraba «un corral que solía ser de judíos», según se hace referencia en un escrito del siglo XVI. Además, se han encontrado restos de un baño para las purificaciones (mikve), muros, arcos de piedra, sistemas de canalización para el agua, etc.