Un día como hoy, pero hace 76 años, el gobierno de le declaró formalmente la guerra a uno de los personajes más repudiados y controvertidos de la historia: Adolf Hitler.

Y es que un 28 de mayo de 1942, la Cámara de Diputados aprobó por unanimidad una iniciativa de ley (enviada por el presidente Manuel Ávila Camacho) que declaraba a  en estado de guerra contra las potencias del Eje formado por Alemania, Italia y Japón.

¿Y cómo pasó eso?

El gobierno mexicano se había opuesto a la política de esas tres potencias totalitarias, siendo el único país en la Sociedad de las Naciones (precursora de Naciones Unidas) que condenó las invasiones de Italia a Etiopía;  de Checoslovaquia por Alemania y de China por parte de Japón.

Cabe recordar que en septiembre de 1939 empezó la en Europa tras la invasión alemana a Polonia, país al que poco a poco se fueron aliando muchos otros, entre ellos Estados Unidos.

 La entrada de la nación estadounidense a la guerra, en diciembre de 1941, extendió el conflicto al continente americano.

Y es que los más de 3 mil kilómetros de frontera que comparte Estados Unidos con representaban para el territorio mexicano una posibilidad de agresión por parte de los japoneses, aliados de Hitler.

"Esta situación, el suministro de petróleo mexicano a los aliados, y la enemistad de nuestro gobierno con el bloque Berlín-Roma Tokio, fueron empujando a a la guerra", describe el gobierno mexicano en una reseña sobre la declaración.

Para abril de 1941, el gobierno de incautó 10 barcos italianos y dos alemanes que se encontraban en Veracruz y Tampico, poniendo de manifiesto su hostilidad a los países del Eje.

Además, el 7 de diciembre de 1941 el gobierno federal mexicano rompió relaciones con Japón luego de que las fuerzas armadas japonesas atacaran el puerto estadounidense Pearl Harbor.

En mayo de 1942, los alemanes advirtieron que impedirían el tráfico de petróleo mexicano a los Estados Unidos y como hizo caso omiso, fueron hundidos los buques-tanque mexicanos “Potrero del Llano” y “Faja de Oro”.

Fue entonces que el gobierno de Manuel Ávila Camacho (1940-1946) protestó y a partir del 22 de mayo se consideró en guerra contra las potencias del Eje, aunque la declaración formal se hizo el día 28.

Para responder a las agresiones, el presidente Ávila Camacho formó el Escuadrón 201, una unidad áerea de combate entrenada por elementos de las tropas estadounidenses.

El escuadrón participó en 59 misiones con los aliados, especialmente en el bombardeo de fuerzas japonesas instaladas en Filipinas y Formosa.

En su discurso de declaración formal de guerra, Ávila Camacho dijo que un conflicto bélico era el único medio de afirmar el derecho a la independencia y de conservar intacta la digni­dad de la República.

"La actitud que toma en la presente eventualidad tiene como base el hecho de que nuestra determinación emana de una necesidad de legítima defensa. Conocemos los límites de nuestros recursos bélicos y sabemos que, dada la enormidad de las masas internacionales en pugna, nuestro papel en la actual contienda no habrá de consistir en acciones de guerra extra continentales para las que no estamos preparados".

El presidente manifestó que durante años, trató permanecer ajeno a la violencia.

"Pero la violencia he venido a buscarnos. Durante años, nos hemos esforzado para continuar nuestra propia ruta, sin arrogancias ni hostilidades, en un plano de concordia y de comprensión.  Pero las dictaduras han acabado por agredirnos. El país está enterado de que hemos hecho todo lo posible por alejarlo de la contienda. Todo, menos la aceptación pasiva del deshonor", agregó Manuel Ávila Camacho.

Si bien la contribución directa de fue modesta, el país aprovechó la guerra para dar un impulso a la industrialización y para obtener de las grandes potencias la aceptación de medidas destinadas a proteger el crecimiento y la economía interna.

Parte de esta contribución modesta fue el anuncio que hizo la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) el 31 de diciembre de 1942 sobre el recibimiento de refugiados polacos de guerra en México.

El 14 de abril de 1943, la hacienda de Santa Rosa en León, Guanajuato fue seleccionada por una comisión mixta, mexicana –polaca -inglesa y estadounidense, para recibir a los primeros refugiados de guerra polacos.