Diario Judío México - Imaginemos la siguiente escena: Dos hombres toman un autobús de una ciudad a otra. El primero de repente se pone muy nervioso, le dice a su compañero, “mira, tomé esta ruta muchas veces, no conozco nada de este entorno, creo que el conductor nos está llevando a otro lado, tal vez nos rapte…”. Su amigo le dice, “calma, no te preocupes, seguramente hay mucho tráfico por la trayectoria que conoces, no pierdas la calma…”. Después de cierto tiempo el primero vuelve con el segundo, “oye, quizás tenemos que llamar a la policía, nos quieren asaltar”. Ése lo trata sosegar, “tranquilo, es una compañía segura, paciencia”. Finalmente llegaron al destino correcto, pero mientras que uno llegó desesperado, con miedo y nervioso, el otro arribó listo para su día y para dedicarse a sus quehaceres con una mente despejada.

Esto sucede muy seguido en la vida cotidiana. Estamos siendo conducidos por el Conductor del universo. Muchas veces no entendemos a dónde nos dirigimos, tampoco sabemos por qué estamos en las situaciones en las que estamos. Tenemos dudas, nos carcome la incertidumbre, tememos.

Por otro lado, si confiamos en el Eterno, esa confianza y fe se transmiten y se aprecian por todos. El individuo que está tranquilo con su Padre Celestial disfruta su vida, sus pesares son más llevaderos, sus apremios son vistos con otra lente. Puede deleitarse de todo lo bello que su Padre le manda, confía y sabe que lo que pase es lo mejor para él, a pesar de su poco entendimiento. Pasa un rato agradable con su familia, puede rezar con más concentración, estudia mejor, su cabeza funciona mucho mejor. Sabe que existe Alguien que lo socorrerá y que está a su lado. A pesar de algunas dificultades, podrá sonreírle a su semejante. Esto es más fácil dicho que hecho- es cierto, pero si nos reforzamos una y otra vez, con Su ayuda lograremos confiar en Él.

 

Buena semana

Ampliado de las palabras de Rab Avi Wiesenfeld

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