“Los españoles, todavía hasta hace pocos años, te podían preguntar si los judíos tenían cola y cosas así”, afirmaba Carolina Alsen, directora de la Federación de Comunidades Judías de España (en adelante FCJE) en una entrevista para AJC en 2018. Desde el decreto de expulsión inducido por los Reyes Católicos en 1492, se ha presupuesto la inexistencia de una comunidad judía en España. Sin embargo, la realidad es otra.

Según los datos proporcionados por la FCJE, en España conviven aproximadamente un total de 45.000 personas pertenecientes a esta religión, contabilizando un total de 30 sinagogas en toda España. Este dato queda reducido a una cifra insignificante si se compara con el número total de parroquias que la Conferencia Episcopal Española contabiliza: un total de 22.993 y 1.500 mezquitas, según El Independiente. Como nos aportaba Yael Sánchez Israel, directora de Marketing y Relaciones Públicas en la Federación de Jóvenes Judíos en España, en una entrevista, “el es de las religiones más minoritarias del mundo ya que menos de un 0,2% de la población mundial es judía”.

La problemática en el tema es doble: los judíos sefardíes en situación de diáspora que reclaman la nacionalidad española y los prejuicios que hostigan a los confesos de la religión hebrea y la peligrosidad neofascista.

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La Ley 12/2015, de 24 de junio, en materia de concesión de la nacionalidad española a los sefardíes originarios de España, fue aprobada durante en el año 2015 durante el Gobierno de Mariano Rajoy. “La Ley para otorgar la nacionalidad española a los descendientes de los sefaradíes busca resarcir una injustica de hace 500 años, empero, también se considera como un mecanismo del Estado español para atraer inversionistas, especialmente en propiedad inmobiliario”, señala León Opalín en El Financiero. Todos aquellos que aseguren ser descendientes de judíos sefardíes expulsados de España, deberán realizar una prueba de conocimientos constitucionales y socioculturales de España (prueba CCSE) procesada por el Instituto Miguel de Cervantes, para conseguir la nacionalidad. Además de aportar una serie de documentos que atestigüen sus orígenes.

En noviembre de 2019 el Ministerio de Justicia y el Consejo General del Notariado habían recibido ya unas 153.767 solicitudes, procedentes de más de 60 países destacando Latina además de e Israel, según informaba la BBC. La atribución del pasaporte español no es un procedimiento sencillo; como señala Alejandro Rubinstein, presidente del Comité de Genealogía y Demografía del Centro de Documentación Judío de México: “Tener un apellido español o de origen sefardí no significa haber descendido de sefardíes”, algo que muchos individuos están aprovechando para intentar “colarse” entre los elegidos.

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En el año 2020 saltaron las alarmas ante solicitudes fraudulentas, produciéndose un endurecimiento en los criterios de selección. Si antes de ese año 34.000 solicitudes fueron aprobadas y tan sólo una denegada, en julio de este año 17.000 se encontraban a la espera de respuesta, como señala Nicholas Casey para el New York Times.

La pandemia ha permitido alargar el proceso de presentación de la solicitud, siendo septiembre de 2019 la fecha límite. En total se han registrado un total de 63.873, de las cuales 36.182 han sido aprobadas entre 2020 y 2021, quedando a la espera de resolución 50.000, según información aportada por El País.

Otro punto relevante a destacar de la realidad de la comunidad judía española son las manifestaciones antisemitas. “Si bien hay antisemitismo en España, no es un antisemitismo como el que se ve en Francia o Inglaterra, donde realmente hay ataques contra las personas”, como asegura Carolina Alsen directora de FCJE. Este testimonio que se ve reforzado con la opinión de León Opalín en El Financiero, “En contraposición a lo que sucede en España, en el presente miles de judíos de Francia, Inglaterra, y en general de Europa, “huyen” de sus países de residencia ante las crecientes violentas manifestaciones de antisemitismo”. Este hecho nos lo afirma Yael, asegurando que “el antisemitismo está en auge y muchos judíos están optando por hacer Aliya, mudarse a Israel y solicitar la nacionalidad a través de la Ley de Retorno; convirtiéndose en el mayor miedo para la comunidad judía contemporánea”.

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Yael Sánchez asegura que “allá donde queramos hacer un evento para un público judío siempre debemos estar acompañados por cuerpos de seguridad” y que aunque personalmente ha tenido la suerte de no encontrarse en situaciones alarmantes, ha recibido algún que otro comentario del tipo «no pareces judía»”.

Es de vital importancia distinguir entre el concepto antisemitismo, relativo al odio hacia los judíos, y el antisionismo, referido a la oposición de la corriente que defiende la legitimidad de un Estado judío en territorio palestino.

Como sucede con otras minorías, en este caso representando el 0,1% de la población de España, reciben por parte de determinados grupos sentimiento de odio y rechazo. Entre los principales mensajes antisemitas se encuentra la negación del Holocausto o los prejuicios culturales históricos. Según el Eurobarómetro publicado en enero de 2019 por el Observatorio de Antisemitismo el 66% por ciento de los españoles no cree que negar el Holocausto sea un problema frente al 38% de media de la Unión Europea. “Recientemente, en la cadena Ser dentro de un programa cómico se hizo un chiste que banalizaba el Holocausto. La distorsión y banalización del Holocausto es también una forma de antisemitismo”, añade Yael.

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Los últimos incidentes antisemitas publicados en el recién mencionado Observatorio, van dirigidos a pintadas callejeras de “Free Palestina” en una en Ceuta o el titular informativo “Terrorismo sionista en Palestina” por el ayuntamiento de Oleiros en A Coruña. ¿Hay confusión entre el término antisemita y antisionista por parte de la comunidad judía? 

De especial relevancia fue la manifestación neonazi acontecida en Madrid el pasado febrero, en homenaje a la División Azul. Declaraciones como “El enemigo siempre va a ser el mismo aunque con distintas máscaras, el judío. Porque nada más certero que esta afirmación: el judío es el culpable”, son un claro ejemplo del peligro, cada vez más en auge, procedente de la ultraderecha neonazi.

El conflicto palestino-israelí juega un papel importante en el panorama. “En conjunto, la mayor parte de la opinión pública española es neutral, aunque claramente la posición pro-palestina es mucho más visible en la vida pública que la contraria”, según analiza Carmen González Enríquez  para el Real Instituto Elcano en base al estudio realizado por el Pew Global Institute en 2015; “El rechazo a la posición del Estado de Israel en su conflicto con la población palestina puede expresarse en ocasiones de tal forma que se confunde con el rechazo al conjunto de la población judía en el mundo”, añade. Como confiesa Yael sobre su experiencia universitaria, “En universidades con tendencias más de izquierdas mis compañeros han sufrido bastantes discriminaciones por ser judíos y acusaciones personales con respecto al conflicto Israel-Palestina”.

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Así se encuentran los judíos españoles, tanto dentro como fuera del país. Una promesa golosa de una doble nacionalidad, fruto de raíces ancestrales que se hace esperar. El auge de la extrema derecha y de la violencia impulsada en territorio israelí condena el día a día de la comunidad judía. Queda por establecer para muchos, aún a día de hoy, la diferencia entre antisemitismo y antisionismo, en pro de la libertad y la defensa de todos los derechos humanos.

Sumario 1: “Tener un apellido español o de origen sefardí no significa haber descendido de sefardíes”.

Sumario 2: El 66% por ciento de los españoles no cree que negar el Holocausto sea un problema frente al 38% de media de la Unión Europea. (Eurobarómetro enero 2019)

FuenteAtalayar

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