Diario Judío México - Bastaron unos minutos, tres personas, esperar la hora de apertura y conocer dónde estaba el botín, para que tres delincuentes robaran 1,500 centenarios de oro en pleno Paseo de la Reforma.

Aunque se quiso avivar el interés del crimen comparándolo con la de una popular serie de video, la realidad es que el asalto a la sucursal de la Casa de Moneda tiene poco que ver con la ficción y mucho con la manera en que opera la .

Primero, no era de extrañar que dos de los tres ladrones vistieran como oficinistas comunes a la hora de esperar a que se abrieran las puertas del establecimiento. Una regla básica de los delincuentes es tratar de pasar desapercibidos y adecuarse al sitio donde cometerán el crimen.

Así pueden huir o mezclarse entre la gente, mientras se deshacen de alguna o varias prendas.

Así que no había sorpresa con la indumentaria. Si el delito requiere vestirse de esmoquin, el ladrón irá a rentar uno. El crimen es un negocio, y como todo negocio, el delincuente se adapta, es flexible y hace lo que sea necesario para lograr su objetivo.

En segundo lugar, siempre tuvieron información de inteligencia, es decir, ya sabían que ese día había esa cantidad de monedas, en donde y qué se necesitaba para sustraerlas; incluso se han hecho públicas imágenes que señalan que uno de los rateros recibía instrucciones por medio de un dispositivo manos libres.

Tener esos datos no es sencillo, por lo que en la mayoría de este tipo de tonos existe una fuente interna que los proporciona. No hay delincuentes con visión de rayos X ni con superpoderes, necesitan cómplices adentro y afuera para tener éxito.

Tanto los protocolos de seguridad, como otras previsiones no se siguieron, lo que hace sospechar aún más de cierta colaboración interna. Saber a qué hora es mejor entrar y qué día llegará mercancía valiosa hace más seguro el delito.

Eso quiere decir que ningún criminal toma riesgos innecesarios y trata de improvisar lo menos posibles. Cómo en cualquier industria, la diferencia está en la experiencia y el profesionalismo de quienes desempeñan la función. Entre más novato el delincuente, menos consciente está del riesgo. Aquí lo que vimos fue una preparación por encima del promedio.

De fondo, necesitamos entender la naturaleza de la , sus formas, prácticas, herramientas y procedimientos para evitar que nos afecten.

Todos disfrutamos de las películas, las series y los programas policiacos, pero no son reales. Esto delincuentes y muchos otros sí. Si los vemos desde el punto de vista de la imaginación y creemos que en este caso lo que ocurrió fue una coordinación de televisión, nos estamos equivocando.

El delincuente se mete a esa actividad porque deja mucho dinero, es poco el riesgo y existe un entramado para facilitar su trabajo.

Tampoco hay crímenes de media hora. Para cualquier delincuente, el tiempo es valioso en la medida de que algo puede salir mal, la policía puede enfrentarlos y los planes pueden cambiar.

Nuestra obligación es estar atentos, vivir tranquilos pero jamás pasivos; menos en una Ciudad como ésta.

De estar mejor organizados que los criminales depende regresar a la tranquilidad y a la seguridad que ya no tenemos. Ya lo hemos logrado antes y podemos hacerlo de nuevo, lo que nos urge es ver al delito desde la realidad y no desde la fantasía.

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