En un impulso diplomático de para rentabilizar el acuerdo de normalización de relaciones entre y Emiratos Árabes Unidos, único resultado visible hasta ahora del polémico “acuerdo del siglo” para Oriente Próximo, de la Casa Blanca, el ecretario de Estado americano, Mike Pompeo, se mostró “confiado” el lunes en Jerusalén ante el primer ministro Benjamín Netanyahu en el próximo reconocimiento del Estado judío por otros Estados árabes.

Tres meses después de su primer viaje oficial tras la declaración de la pandemia, Pompeo ha vuelto a atravesar el Atlántico y el Mediterráneo para hacerse una foto con su viejo amigo Netanyahu. Y para intervenir en directo en la Convención Republicana desde la Ciudad Santa, en un marco de simbología religiosa especialmente apreciada por los ultraconservadores cristianos evangélicos, a quienes Pompeo representa en la Administración del presidente Donald Trump junto con el vicepresidente Mike Pence.

Como gesto hacia su anfitrión, el jefe de la diplomacia de proclamó que Washington mantendrá el compromiso de garantizar la “superioridad tecnológica militar” israelí en la región. Pero también precisó que seguirá suministrando armamento de última generación, como los cazas furtivos F-35 teóricamente invisibles al radar, a Emiratos Árabes Unidos, país al que rearma frente a Irán desde hace dos décadas.

El jefe del Gobierno israelí se limitó a señalar ante la prensa en Jerusalén que no estaba al tanto de las negociaciones de venta de armas de EE UU a Emiratos y que se opone a la entrega de los F-35 a Estados árabes. “No es una cuestión que figure en el acuerdo de normalización de relaciones”, apostilló Netanyahu ante las críticas desatadas en Israel. Esta vez no hubo mención a la anexión parcial del territorio palestino ocupado de Cisjordania, un apartado del plan de paz de la Casa Blanca que se da ya por enterrado como consecuencia del acercamiento a Emiratos.

El nuevo viaje de Pompeo a se sitúa ahora al inicio de una gira diplomática de calado que llevará al secretario de Estado a Sudán y Baréin, dos países árabes considerados favorables a establecer relaciones con Israel, y que concluirá en Dubái con la misión de oficializar con los dirigentes emiratíes la normalización de lazos diplomáticos con el Gobierno israelí.

La visita a Jartum, la primera de un jefe de la diplomacia de Washington en 15 años, se produce poco después de mensajes contradictorios emitidos hacia desde la capital sudanesa. Un portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores aseguró que Sudán seguiría pronto los pasos de Emiratos Árabes Unidos y establecería relaciones con el Estado judío. Pero el titular del Departamento, Omar Qamar al Din, desmintió la declaración de su subordinado y le destituyó de inmediato.

La prensa hebrea también ha informado en las últimas fechas sobre la presencia en Jartum de Yosi Cohen, el jefe del Mosad (servicio de espionaje exterior) para entrevistarse con los nuevos líderes del país surgidos tras el derrocamiento del presidente Omar al Bashir el año pasado.

El secretario de Estado se reunió también en Jerusalén con Benny Gantz, ministro de Defensa y líder centrista que sostiene la coalición gubernamental, y con su homólogo al frente de la diplomacia israelí, el también exjefe del Ejército Gabi Ashkenazi. Este guiño de Washington en favor de la estabilidad de un Gobierno de amplia base se produce mientras el bloqueo sobre la aprobación de los presupuestos amenaza con forzar la convocatoria de nuevas elecciones legislativas en Israel, las cuartas en año y medio.

Pompeo se expresó mucho más abiertamente ante Netanyahu en contra de Irán, y anunció que EE UU va a recurrir al llamado de mecanismo de réplica para reimponer de forma automática el embargo de armas a la República Islámica, a pesar de que su propuesta ya ha sido rechazada por 13 de los 15 miembros del Consejo Seguridad de la ONU. “Utilizaremos todos los medios a nuestro alcance para asegurarnos de que Irán no va a tener acceso a armamento moderno”, enfatizó, en alusión a la cláusula prevista en el acuerdo nuclear suscrito en 2015 por las grandes potencias con Teherán, del que Washington se retiró unilateralmente hace dos años.

Presencia de China

observa además con desagrado la creciente participación de grandes empresas chinas en infraestructuras críticas israelíes. Por ejemplo, en la ampliación del puerto de Haifa, donde fondea la VI Flota estadounidense en sus patrullas por el Mediterráneo oriental. Como ya expresó veladamente durante su anterior viaje en mayo, Pompeo reclama a su principal aliado político y militar en Oriente Próximo que se aparte de los intercambios económicos con China.

Autoridad Palestina, mientras tanto, rechaza de plano el plan de paz de Trump después de haber cortado todas la relaciones con la Administración republicana, en respuesta a sus sucesivas concesiones al Estado hebreo, como el traslado de la Embajada de EE UU a Jerusalén en tanto que capital israelí.

La suspensión de la anexión parcial de Cisjordania implícita en el entendimiento con Emiratos parece haber generado, no obstante, una dinámica de reactivación de la mediación internacional entre palestinos e israelíes tras seis años de empantanamiento de la negociación.

El ministro de Exteriores británico, Dominic Raab, será el primero en viajar esta semana a Tierra Santa para reunirse con Netanyahu y con el presidente palestino, Mahmud Abbas, en un renovado intento por resucitar la solución de los dos Estados.

FuenteEl País

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