Diario Judío México - Ana de 25 años llego a terapia porque tenía problemas para relacionarse con la gente, no le gustaba platicar con nadie, tenía miedo de ser juzgada, se sentía ansiosa la mayor parte del tiempo porque no sabia las intensiones de los demás, desconfiando de ellos. También tenía problemas para dormir desde muy niña y siempre estaba en estado de alerta, como si algo le pudiera pasar.

Relatando su historia personal comenta que cuando era niña, su papa llegaba de mal humor a la casa y muchas veces mientras ella y sus hermanos dormían entraba al cuarto y los golpeaba. Ella siempre pensó que era la culpable de los golpes de su padre. Sin embargo tenía totalmente reprimido el abuso sexual del que fue víctima por varios años. Mas tarde en terapia le vinieron los recuerdos del abuso de su padre, pero solo después de encontrar en su mundo interno la fuerza para salir adelante por medio de la terapia musical (GIM).

En su primera sesión por medio de la música se le presentaron las siguientes imágenes: estaba en un puerto donde había un bote que quería llevarla a otro lugar, fuera de su zona de confort, ella se resistió, no quería alejarse del lugar donde se sentía cómoda. Su psique sabía que no estaba lista para explorar lo que estaba reprimiendo en su inconciente. Entonces ella se convirtió en un árbol que comenzó a crecer, creciéndole ramas y hojas, sintiéndose fuerte y segura. Afuera del árbol había mal clima y cosas que lo molestaban, pero el árbol era demasiado fuerte y podía lidiar con las adversidades.

En otra sesión con música le llego la imagen de ella en el piso sin poder levantarse, una fuerza la presionaba,sus brazos estaban muy pesados e inmóviles y se sentía sola, sin fuerza, desprotegida y vulnerable. Una mujer muy calida estaba ahí, pero no la veía, otra gente pasaba pero tampoco la veían, se sentía muy pequeña e insignificante. Ana quería que alguien que se preocupara por ella estuviera ahí en ese momento para ayudarla. Aunque Ana aun no estaba conciente de lo que representaban estas imágenes, ya empezaban a aflorar sensaciones que sufrió en el abuso y recuerdos reprimidos como es la ceguera de su madre y la gente alrededor que no veían que ella estaba ahí, tirada en el piso, siendo abusada por su padre.

En las siguientes sesiones con claridad supo que su padre había abusado sexualmente de ella y de sus hermanas. Su hermana ya se lo había dicho antes pero Ana siempre lo negó. La imagen que le vino después de realizar que su padre la había abusado fue la de la virgen María protegiéndola, diciéndole que ya estaba segura, abrazándola y dándole mucho amor. Ana se sintió tranquila y después de muchos años de no poder confiar en nadie se sintió segura.

La historia de Ana nos muestra varios de los síntomas que ocurren a raíz de un abuso sexual como son la ansiedad, la vulnerabilidad, la desconfianza, el sentirse diferente a los demás, insomnio, constante estado de alerta y depresión. Al igual muestra que cuando se hace un trabajo profundo estos síntomas que por tanto tiempo la aquejaron desaparecen, dándole la oportunidad de llevar una vida plena.

También nos enseña que para poder trabajar y liberarnos de un trauma tan fuerte como lo es el abuso sexual, es importante contactar con nuestro mundo interno. Generalmente buscamos las respuestas y la fuerza en el mundo externo, en los demás, sin saber que nuestros recursos y una gran sabiduría se encuentran dentro de nosotros.

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La Dra. Alicia Duek es doctora en psicoterapia egresada de San Diego University for Integrative Studies (SDUIS). La doctora es especialista en terapia individual, de familia, arte terapia y terapia floral de Bach.