En la columna de esta semana quiero resaltar que , quizás el comediante más celebre en estos tiempos post modernos (no por ser comediante precisamente), forma parte del pequeño y llamativo grupo de personas que portamos, entre el dolor y el orgullo, entre la comedia y la tragedia, la etiqueta de judíos.
Los judíos representamos el 0,2 por ciento de la humanidad. Una cifra tan mínima que hace muy difícil entender por qué este pueblo tan pequeño en números demográficos ha llegado a ser tan odiado, perseguido y asediado a lo largo de toda su existencia, como si fuera posible que representemos un verdadero peligro para la humanidad.

Las falacias, teorías conspirativas, leyendas urbanas, mitos superlativos y demás falacias inventadas… aguantan y, al parecer, justifican cualquier barbaridad cometida en nombre de ellas. Como si solo su formulación, aunque no exista ninguna prueba de su veracidad y certeza, fuera suficiente para justificar todo el odio, la rabia, la xenofobia y el desprecio que llevamos sobre nuestros hombros aquellos que nos reconocemos como judíos. El antisemitismo es tan antológico como la historia de la humanidad.

Tal vez debido a ello, los judíos hemos aprendido a reírnos de nuestras desgracias, a celebrar la vida mientras podamos retenerla, y a ver al mundo con lentes tan críticos que llegan al más extremo cinismo, es decir, al extremo de convertir en comedias nuestras propias tragedias… No nos ha quedado otro camino para mantener la fe y seguirnos aferrando a nuestras creencias y a nuestra identidad.

Somos el pueblo que ha llevado la tragicomedia a su máximo nivel. Somos el pueblo del sarcasmo, del negro e inteligente, de la sátira, de lo sardónico, de la ironía, de la burla y de la mofa hacia nosotros mismos…

Para probar mi argumento me permito citar a algunos de comediantes y humoristas judíos más célebres Groucho Marx, Marcel Marceau, Woody Allen, Jerry Lewis, Mel Brooks, Gene Wilder, Sacha Baron Cohen, Fran Drescher, Adam Sandler, Bette Midler, Billy Crystal, Carol Kane, Ben Stiller, Joan Rivers… y créanme, podría seguir enumerando decenas de nombres sin siquiera abarcar la mitad.

El uso de la palabra “judío” despierta un montón de emociones ambivalentes entre en los actuales consumidores de contenido, por lo que, varios medios han preferido ahorrarse convocar esas opiniones contradictorias al hablar de Zelensky.

No obstante, yo no puedo dejar de notarlo, de señalarlo y enfatizarlo… pues también soy judía y pertenecer a esa estirpe me enorgullece, al mismo tiempo que me expresarlo públicamente despierta en mí cierto temor y recelo ante el riesgo de desatar todos los demonios que se despiertan cada vez que se menciona la palabra “judío”.

Los antisemitismos y las judeofobias están a la orden del día. Aparecen en todas partes, en todas las redes sociales, en todos los medios de comunicación, en todas las plataformas digitales. A veces, sus autores dan la cara y exponen sus nombres, pero lo normal es que se escondan detrás del anonimato y de la mentira. Lo normal es que se confundan entre las masas para expresar todo su odio y desprecio hacia nosotros.

Y de eso también hemos aprendido a reírnos los judíos. Convertimos en carcajadas las muecas de dolor. Terminamos el llanto más amargo con sonrisas doloridas. Nos cobijamos del miedo y de la rabia por medio del cinismo y el sarcasmo. Hacemos chistes con nuestras desgracias…

Gracias a esto, el mundo sique disfrutando de nuestra extraordinaria capacidad de ponernos las caretas de comediantes y humoristas mientras nuestras almas se sacuden entre la pena y la tristeza, a manos del drama que significa tratar de ser judíos en un mundo que nos señala, nos condena, nos acusa, nos acosa, nos maltrata, nos persigue y nos agrede solo por el hecho de existir, de negarnos a morir, de luchar contra nuestra total aniquilación.

En todo caso, como siempre dicen los artistas: el show debe continuar. Y si algo hemos aprendido los integrantes de mi pueblo a lo largo de la historia, tal como lo está demostrando Volodymyr Zelensky, es la habilidad de seguir tocando el violín en la cima de tejados empinados y tambaleantes mientras nuestras casas son consumidas por el fuego y nuestras ciudades son arrasadas por el odio.

Por eso, mientras hago equilibrio en mi propio tejado candente, suelto un momento mi violín para aplaudir a Zelensky, a su heroísmo, su valentía como líder y a la sangre judía que hierve entre sus venas.

3 COMENTARIOS

  1. No entiendo el punto principal de lo que plantea en su artículo, acaso será que Zelensky ha sido discriminado por ser judío? No soy judía de nacimiento, pero para quien lo es debería ser un orgullo, y no creo que Zelensky sea un ejemplo de lo que es ser verdaderamente judío. La Palabra de Dios dice en Romanos 2:28, 29 28 Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; 29 sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.
    No estoy a favor de la guerra, pero creo que no se debe seguir acusando a Rusia sin mirar ni analizar todo lo que ocurre en realidad y las causas que conllevaron a la misma.

  2. Para el comentario anterior responderé que según la religión judia el Judío se crea en el vientre de su madre.
    Según las ciencias (médica y antropológica ) la ADN de una persona es de 50/50 del padre como de la madre y por lo tanto el Señor Zelensky es Judío (y no forzosamente judío).

    Por lo de los Rusos y de su querido (85% de la gente dicen las recientes estadísticas propiamente rusas) sanguinario dictador Putin, lea la historia señor en vez de limitarse a escuchar y leer las manipulaciones de RT y de Sputnik, medios gubernamentales dirigidas por Putin y sus generales criminales.
    El complotismo del gobierno ruso es mayor cuando la gente se deja lavar el cerebro.

  3. Yo soy lo que ustedes llaman GOIM (no se si así está bien escrito) pero, por un comentario anterior, aprendí que un Judío viene de un vientre de mujer judía. Él padre del comediante-presidente era judío y su madre católica. Él comediante presidente se casó con una mujer católica y sus hijos son bautizados en el rito católico. (¿estoy en lo correcto?). El tipo grita y berrea una guerra total contra Rusia (que… ¿acaso no conocen a los Rusos?) y el efecto mariposa está desestabilizando al mundo entero… Aquí en ningún comentario he leído los motivos que tienen los Rusos que, por obvias razones, deben tener y solo los acusan de ser los agresores, bárbaros y muchas lindezas más.
    Total… es el único hogar cósmico que tenemos y ésta crisis lo está terminado de destruir… Piensen que ninguna religión es verdadera y si lo es es solo por la fe de sus creyentes.
    ¡SHALOM!

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Periodista - Escritora – Poeta – Esposa – Mamá. Autora de varios libros publicados. Editora de libros, revistas, boletines electrónicos y otras publicaciones. Productora de contenido para redes sociales Productora y conductora de podcasts. Graduada de Comunicación Social mención Periodismo Impreso con Diplomado en Comunicación Digital y Post grado en Dirección de Instituciones Comunitarias. Ganadora de la modalidad de poesía del Certamen Internacional “Notas Migratorias César Vallejo 2021”. Organizado por la Fundación Universidad Hispana. Ha sido elegida ganadora y finalista en diversos concursos literarios y poéticos en América Latina y España, a los que se ha presentado a lo largo de su carrera como escritora. Datos de contacto: E-Mail: raquelmarkuspro@gmail.com Instagram: @escritora.creativa Facebook: Raquel Markus Twitter: @raquelisheva