Sufrir por lo que paso, es el mejor pretexto para vivir en el pasado y no tener razones para reparar o tener un mejor futuro.

Diario Judío México - El arrepentimiento puede ser un maestro duro, pero al final, otorga una lección justa. Lamentarse, no es tan malo como parece, siempre y cuando uno no se atore el dolor y la pena que causa el recuerdo.

Quizá, un aspecto más positivo seria utilizar el remordimiento como motivación para arreglar o mejorar lo que le causa ese sufrimiento innecesario.

Arrepentirse ya sea, por alguna acción, palabra, o decisión que se hizo y no funciono, marca la pauta para buscar la manera para reparar lo que se dañó o lastimo.

Cuando uno reconoce que sus remordimientos, no deben de ser castigos perpetuos, entonces, los puede enfrentar con valor convirtiéndose en una persona valiente. Con la posibilidad de poder sanar, tanto a sí mismo, a las personas o a las situaciones que se dañaron.

Equivocarse, tomar una mala decisión o decir algo que lastimo no es un pecado. La vida ofrece muchas oportunidades para equivocarse, aprender y reparar los daños causados. De hecho, aprender de los errores para ser mejor persona, es una buena vida.

Uno se puede arrepentir de todo y más… de hecho, cada persona tiene algún remordimiento en su alma. Lo importante, seria ver la manera como poder conciliar el arrepentimiento del pasado, con las acciones subsecuentes del presente, para poder cambiar el futuro, terminando con a las lamentaciones.

Cuando se deja de lamentar por lo que sucedió, o por lo que le hicieron, se libera de sus propias cadenas que lo atan emocionalmente al dolor y al pasado que ya no se puede cambiar. Lo que le impide aprovechar las nuevas oportunidades que la vida le ofrece.

Para dejar de lamentarse, es necesario aceptar la responsabilidad y dejar de culpar a otros. Asi mismo, es importante hacer una distinción entre pensar, “me equivoque” en lugar de etiquetarse como “hago todo mal”.

El reconocer una equivocación, puede ser un tato incómodo y penoso, pero finalmente tiene remedio. El problema no está justiciando a la persona en sí, habla del error que se realizó, aceptando la vulnerabilidad y el poder que se tiene para repararlo.

Cuando uno se etiqueta como hago todo mal, se habla de una condición permanente que limita y condena. Elimina la creatividad, alimenta las inseguridades otorgando importancia al qué dirán los demás. Sobre todo, nutre la autocompasión, perpetuando el sufrimiento y niega toda posibilidad para superar la pena.

Para dejar de sufrir por los arrepentimientos, uno tiene que aprender hablarse con amor y poderse perdonar por lo que hizo o se dejó de hacer. Debe de tener el valor para enfrentar la vergüenza y dejar de culpar y querer gozar de un mejor futuro, sin tener que sufrir.

La receta

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Liberándose de las lamentaciones

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Ingredientes:

  • Valor – fortaleza para aceptar los errores personales
  • Responsabilidad – aceptar el compromiso personal con la forma de actuar
  • Determinación – deseo para vivir mejor y sin lamentaciones
  • Integridad – conciliar las decisiones, con las acciones y los sentimientos
  • Vulnerabilidad – poder para reconocer las debilidades, las penas y el dolor

Afirmación positiva para vivir sin remordimientos

Acepto con responsabilidad lo que dije, hice y lo que deje de hacer. Reconozco que no puedo cambiar el pasado, pero al dejar de lamentarme por lo que paso, permito que nuevas oportunidades me lleguen y pueda cambiar mi futuro. Vivo en paz. Me doy permiso para equivocarme y poder remediar mis errores. Hago lo que digo. Vivo con gratitud y generosidad.

Como liberarse del remordimiento:

  1. Aceptar lo que paso sin justificar, culpar o enojarse libera el pasado tormentoso. La única forma para dejar ir a las lamentaciones, es tener el valor y la responsabilidad para ver el pasado sin reproches y con compasión.
  2. El remordimiento es la conciencia de lo que se pudo hacer y no lo hizo. Uno recuerda con dolor las ocasiones cuando no actuó con más bondad, más generosidad o más sensibilidad. Por haberse quedado en un lugar cómodo y no haber hecho lo debido.
  3. Las lamentaciones son recordatorios poderosos para poder cambiar o remediar lo que no se hizo. El remordimiento lleva tatuado el sentimiento de incomodidad que hace que uno quiera cambiar para dejar de tener el desagradable sonsonete del lamento y poder ser mejor.

No lamentarse por nada, no hace a una persona valiente, más bien, le impide ser humilde y le quita el poder de reflexión.

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Becky Krinsky
Creadora en conjunto con la doctora Iliana Berezovsky de "Recetas Para la VidaTM" un proyecto basado en el concepto de que el sentido común, el hogar, la familia, la vida diaria y el éxito en la vida dependen de la suma de nuestras experiencias para alcanzar la felicidad. Actualmente escribe todos los jueves para el Diario San Diego con su columna Recetas para la VidaTM. También aparece mensualmente en Univision en el programa Despierta San Diego.