La vida siempre nos presenta grandes retos los cuales van cambiando dependiendo de las distintas épocas de nuestra vida, pero en ocasiones, esos retos son constantes y se transforman de la misma manera en la que nosotros vamos creciendo. En mis épocas de preparatoria conocí a una de mis mejores amigas a quien llamaremos Sofía, recuerdo que ella estaba muy preocupada por su cuerpo y su relación con la comida. En una ocasión, me mencionó que una de sus amigas le había hecho algunas recomendaciones para bajar de peso las cuales, desde mi perspectiva, no eran muy saludables. Sofía y yo platicamos al respecto y, a pesar de que es un tema muy sensible y que tal vez éramos muy jóvenes para entenderlo, lo hicimos de la mejor manera que pudimos: desde un lugar de respeto, entendimiento y confianza, sin juzgarnos, pero también platicando de por qué esas conductas podrían ser un riesgo para su bienestar físico y mental. 

 

En la universidad conocí a otra de mis mejores amigas a quien llamaremos Julieta. Recuerdo que solíamos tener hábitos desordenados, ya que la vida universitaria es complicada y a veces se come cuando se puede y lo que se puede. A menudo, ella se preocupaba por su alimentación y procuraba mejorar sus hábitos, pero con el paso del tiempo, empezó a fijarse mucho en su aspecto, bajó mucho de peso y esta situación me comenzó a preocupar, por lo que decidí hablar con ella. Platicamos de muchas cosas, pero al final llegamos a la conclusión de que a veces la relación con nuestro cuerpo y la comida es una relación que tiene altas y bajas, a veces la comida nos hace sentir muy bien, otras nos hace sentir muy mal. Si nos ponemos a pensar al respecto, nuestra relación con la comida es una de las primeras relaciones en nuestra vida, una relación que a veces moldea y crea las relaciones que tendremos a futuro con otras cosas e inclusive, con otras personas. 

 

Pienso en estas dos amigas y no sé qué hubiera pasado si no nos hubiéramos acompañado en este camino, así como se titula este escrito, creo que la situación hubiera sido distinta si no hubiéramos recibido “un poco de de nuestros amigos”. Los amigos representan para muchas personas “la familia que se elige”, para algunos son las personas que deciden acompañar y que los acompañen en la vida, para otros son las personas que nos distraen o que nos permiten divertirnos cuando estamos en momentos difíciles. Los amigos representan tantas cosas, que son una de las relaciones más importantes en nuestra vida y, sin duda alguna, una de las relaciones que puede cambiar nuestra forma de percibir y vivir la vida misma. En pocas palabras, así como la comida, los amigos pueden llegar a nutrir o desnutrir nuestra realidad. 

 

Creo que muchas cosas pueden ser relevantes para plantear en este escrito: ¿Cómo puedo saber elegir a mis amigos? ¿Cómo sé si un amigo me nutre o me desnutre? o incluso ¿cómo puedo ayudar a un amigo que está pasando por un trastorno de la conducta alimentaria? Las respuestas son un poco complicadas debido a que somos seres que tienen una propia realidad, una subjetividad, en donde a lo mejor lo que nutre a uno, no nutre a otro. Sé que esta idea puede ser confusa e incluso frustrante: ¿entonces qué hago? ¿cómo decido? ¿cómo sé si estoy decidiendo bien? y mientras más pienso en soluciones para esas preguntas, mi cabeza me lleva a pensar lo siguiente: Hace unos días, platicando con Julieta, nos dimos cuenta de que estamos pasando épocas complicadas en nuestras vidas en donde la incertidumbre, el miedo, los cambios y todo lo demás que abarca nuestra realidad nos hace sentir de una manera no muy agradable. A pesar de todo eso, nos dimos cuenta que estamos juntas para acompañarnos y escucharnos y que, aunque las cosas no salen como planeamos y seguimos teniendo problemas personales, familiares y de cualquier tipo, estamos aquí para la otra persona siendo, desde mi perspectiva, uno de los puntos más importantes en una amistad. Habrá veces que no podamos ayudar a nuestros amigos, que tal vez sean situaciones que ellos deben de resolver o atravesar, pero estando ahí para ellos o que ellos estén ahí para nosotros, hace que la situación sea diferente y que el peso que cargamos sobre nuestras espaldas sea, por al menos unos minutos, un peso compartido. 

 

En este día internacional de la amistad es importante darnos el tiempo de pensar y agradecer a todas esas personas que nos han acompañado en este proceso de entendimiento, conocimiento y elaboración. Podríamos pensar de qué manera podemos acompañar a nuestros amigos que pasan por situaciones difíciles o incluso, hablar con nuestros amigos para compartir las situaciones difíciles que nosotros mismos estamos pasando. El amor de un amigo, el cual puede venir en forma de un mensaje, un abrazo y hasta una caminata en el parque, puede ser recibido como un cobijo que nos permite descansar por un momento para seguir el proceso que tengamos que continuar y así, como dicen Los Beatles, “I get by with a little help from my friends, gonna try with a little help from my friends”.

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