Un fantasma recorre el mundo, el fantasma de la involución demográfica. Los órganos ideológicos del patriarcado tocan las campanas a rebato; “cada vez más de todos los continentes se revelan y no tienen hijos”.   La revista THE LANCET, en un estudio publicado en 2020, pone fecha al fin del crecimiento de la población humana en la Tierra, el año 2064, de ahí al año 2100, habrá 900 millones menos de congéneres, y partir de entonces el descenso de población, no será gradual, sino en caída libre. La clave está, en  la tasa de fertilidad de las humanas (número de hijos promedio durante su existencia) que caerá a 1,66 hijos por mujer, muy por debajo de la tasa de reemplazo de 2,1. Mas y menos madres, que cumplirán el sueño liberador de Isadora Duncan, que son la condición necesaria para la igualdad entre hombre y mujer, y que, al mismo tiempo, favorecerán a los trabajadores (menos trabajadores=salarios más altos) y al medio ambiente.

El fenómeno de las que no quieren ser madres, según el estudio de la revista THE LANCET, es especialmente intenso en Japón, China y Rusia, tres países donde el patriarcado ha sido históricamente implacable. Las japonesas fueron pioneras, y ya en 2011, pusieron fin al crecimiento de la población en su país, y de su esfuerzo se espera, que reduzcan la población japonesa a la mitad en 2100. En China hay 118 por cada 100 hombres, fenómeno solo explicable por décadas de abortos selectivos de fetos femeninos. Este ratio hace de multiplicador de los esfuerzos de las del movimiento NoMo (NotMothers), y va a conducir a China en 2100 a tener exactamente la mitad de su población actual, 700 millones. Las eslavas de Rusia, llevan evitando la maternidad desde la década de los noventa, y van a poner en serios aprietos a los sucesores de Vladimir Putin, para mantener la viabilidad del imperio ruso. Ya, para el año 2050, se espera una caída del 20 al 30 por ciento de la población rusa, hasta reducirla a 113 o 100 millones de habitantes, acompañado de una tendencia imparable de los rusos a concentrarse en las ciudades europeas y a abandonar la inhóspita estepa asiática.

Pero, la caída de la tasa de fecundidad de las al 1,66, que cuestiona las teorías de Charles Darwin y Thomas Malthus, ¿podría significar que los genes están perdiendo el control de la humanidad?  Como sostienen BIOLOGOS sin FRONTERAS, los GENES, son nuestros amos, y tienen una misión absurda en la vida que es replicarse hasta el infinito. ¿Cómo se replican los genes? Pues, traspasando a sus máquinas de supervivencia (nosotros), su absurdo destino, a través de herramientas de manipulación complejas que residen en el cerebro, entre las que se encuentra, lo que la sabiduría popular denomina INSTINTO MATERNAL.

 Para hacernos más competitivos en la carrera de la supervivencia, frente a otras especies competidoras por los recursos de la Tierra, a los GENES no les importó que la evolución nos dotara de un enorme cerebro, sin equivalente conocido en el mundo animal, y cuyo funcionamiento es tan complejo, que necesita de algo tan insólito como la CONSCIENCIA, que faculta para algo más insólito, como es la introspección. Como apunta Nicholas Humphrey, nos hace percibirnos a nosotros, como un sujeto para nosotros mismos, con una conciencia individual autosuficiente, y al resto de los humanos como objetos, con conciencias individualizadas fuera de nuestro alcance, al mismo nivel que otros objetos, como nuestra casa, nuestro coche, o nuestras vacaciones de verano. Robert Sapolsky expresa la misma idea de la siguiente forma; “a nosotros nos juzgamos por nuestros motivos internos y a las demás personas por sus acciones externas”.

 

Los humanos hemos obedecido, hasta ahora, la dictadura de los GENES, con notable docilidad. Por su parte, la estrategia de los genes, de no dejar ninguna decisión importante a nuestra voluntad, y de que no seamos conscientes de las motivaciones verdaderas de muchos de nuestros comportamientos, se ha mostrado muy eficaz. Piénsese, por ejemplo, que decisiones tan vitales, como elegir pareja amorosa, comprar un piso, o endeudarnos hasta las cejas, escapan al razonamiento consciente. Pero la manipulación esencial de los genes con nosotros, es engañarnos para que tengamos hijos, con el señuelo del orgasmo. En este fraude sistémico, se inspiraron las grandes religiones apocalípticas, basadas en la cercanía del fin del mundo, como el cristianismo y el islam, para su proselitismo entre las gentes sencillas, con el fraude de la vida eterna, que no es más que una metáfora del orgasmo biológico.

Para tener un éxito tan incontestable como especie, los seres humanos se han organizado históricamente en sociedades con ideologías compatibles con las ordenes de los GENES; sobrevivir a cualquier precio y reproducirse. Un ejemplo paradigmático es el PATRIARCADO, que nació cuando nos hicimos agricultores, hace unos 11.000 años, y que a pesar de su injusticia fue tan eficiente, que ni hombres ni la cuestionaron hasta tiempos muy recientes. De hecho, Romeo y Julieta, fabricada de encargo por William Shakespeare a sueldo de los poderosos, todavía es inmensamente popular entre las MADRES antes que .

Los GENES permitieron que nuestro enorme cerebro, se desarrollara en la inmensidad del tiempo evolutivo. El cerebro creo el lenguaje , y de este nació la cultura. La cultura, y especialmente la cultura occidental, la podemos definir por unos cuantos grandes personajes heroicos como, los autores de la Biblia, Sócrates, Platón, Aristóteles, Leonardo, Miguel Ángel, Galileo, Descartes, Newton, Goethe, Beethoven, Mozart, Darwin, Freud, Pasteur, Edison, Tesla, Einstein, John Von Newmann, o Turing, entre otros. Estudiosos y biógrafos de estos portentos, como Dean Keith Simonton, autor del libro Los Orígenes del Genio, documentan una y otra vez el nulo bagaje recibido por los genios de sus progenitores, y la nula trasmisión de su genio a su descendencia. El genio, el portento, es algo que no se hereda de los padres, que escapa a los GENES y que parece ser una propiedad emergente de la cultura.

En la independencia, que los humanos estamos consiguiendo de los GENES, una de cuyas manifestaciones más visibles son las antes que MADRES, parece que ha tenido mucho que ver un producto cultural, especialmente abundante en su versión occidental, llamado INDIVIDUALISMO. Como proclama Charles Murray, en su obra Human Accomplishment, algo que explica la preeminencia de la cultura occidental es el individualismo y su máxima expresión la existencia de individuos que insisten en tener razón y que solo ellos están en lo correcto.

Aunque el individualismo es una característica más visible en hombres que en mujeres, no hay que olvidar que un GEN humano, que es inmortal, pasa de promedio, la mitad de su existencia en cuerpos de hombre y la otra mitad en cuerpos de mujer. Así, que podría darse la circunstancia, de que nuestro colosal cerebro, por mediación de la cultura, en su afán de liberarnos de la dictadura genética, haya implementado, la estrategia del individualismo masculino para engendrar genios que nos lleven a la inmortalidad, y la estrategia de las antes que MADRES, para enterrar de una vez a ese repugnante lacayo de los GENES, que es el PATRIARCADO.  Los genios judíos Billy Wilder y I.A.L. Diamond, intuyeron esta hipótesis al final de la película CON FALDAS Y A LO LOCO. 

 

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Nacido en Salamanca, España el 11/09/1959. Sociólogo por la Universidad Complutense de Madrid. Estudioso de la microsociología y del impacto la neurociencia en la teoría de interaccionismo social. Actualmente realizando una tesis sobre minorías creativas en el mundo. Ex funcionario del Estado Español en Auditoria Publica. Ex director comercial de Bankia Fondos de Inversión. Articulista en prensa escrita española.