Jukat: Agua

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    Diario Judío México - Nuestra parashá comienza con las leyes de purificación de quien se encuentra impuro al haber entrado en contacto con un muerto.

    Como es sabido, tal proceso se llevaba a cabo por medio de las cenizas de la Vaca Roja. Estas se mezclaban con agua, y debían colocarse en un recipiente especial.

    “Y tomarán para el impuro del polvo de la quema del sacrificio para expiación (jatat), y pondrán sobre él agua de manantial dentro de un recipiente” (19, 17)

    Dice Rabí Moshé Shapira de Lublín, ZT”L: “El pueblo de Israel se compara al agua.  La naturaleza del agua es expandirse y anegar superficies enormes, hacer florecer desiertos, agrietar montañas, aplanar terrenos y abrir caminos aún cuando a su paso lo intenten detener barreras y obstáculos, o elementos que pretendan desviarlo de su cauce. Todo esto condicionado a encuentrarse en constante flujo, cuando no se detienen y corren, pero si se llegasen a solidificar, a congelarse, no tendrían fuerza alguna. De la misma manera es Israel, por medio de la motivación y de un intenso deseo, pueden alcanzar cualquier objetivo. Pero si llegásen a parar, a enfriarse sus ánimos, entonces…”

    Lo mencionado por Rabí Moshé es principalmente dicho en el marco de la preparación para alcanzar la máxima pureza posible, la que nos permite acercarnos lo más posible al Creador del universo, sin ella era imposible acceder al Bet HaMikdash. Y así como es imprescindible el agua en tal proceso – llamadas aguas de manantial (vivas) – también es imprescindible una actitud positiva en la persona que se está purificando, aquella que le permita estar en un constante crecimiento espiritual. Y así como el agua corre, buscando espacios bajos, también la persona que busca espiritualidad la encontrará en la humildad y en el recato. El agua encontrará una semilla que hará crecer hasta convertirla  (a veces) en un árbol enorme, y la persona encontrará en la toráh la simiente para crecer y alcanzar a Di´s durante sus 120 años de vida.

    El agua es vida … siempre y cuando le permitamos correr y le demos el sentido correcto.

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    Nací en México D.F., año 1972, curse todos mis estudios en el Colegio Yavne, me gradué en el año 90, y en ese mismo año me fui de Ajshará con la Hanoar HaTzioní.

    En el año 91 ingresé en la UDLA para estudiar psicología clínica, y al año y medio, en el 93 hice aliá, con el propósito de continuar mis estudios en Israel.

    En ese mismo año, entre el fin de un curso de hebreo universitario y el ingreso al preuniversitario, tuve un mes y medio de vacaciones, los cuales utilice para ver de cerca lo que es una Yeshivá. Después de ese periodo de vacaciones tuve la resolución de continuar estudiando Toráh, ya que veía en ella todo lo que tanto buscaba dentro de la materia de psicología; análisis del comportamiento humano, auto percepción, ayuda al prójimo, etc.

    Archivé mi carpeta de estudiante universitario, y me dedique de lleno al estudio de Toráh en la Yeshivá Binian Olam, en el año 96 ingresé a estudiar por las mañanas a la prestigiosa Yeshivá de Mir.

    En el año 2000 me casé, un año y medio después nació nuestra primera hija, y al año y medio siguiente nació nuestro segundo hijo. En el 2005 salimos de Israel para realizar un trabajo comunitario en Venezuela, y al año y medio siguiente nació nuestro tercer hijo. Desde entonces nos dedicamos mi esposa y yo, a impartir clase de Toráh, redacto un folleto semanal, y escribo una columna sobre la parashá en el periódico Nuevo Mundo Israelita.

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