VaYikrá: Dulce y Leudante

 “Toda ofrenda de minjá – hecha a base de cereales – que ofrendareis al Eterno, no la hagais con leudantes, pues todo leudo y todo dulce, no aproximarás de él en ofrenda al Eterno. (No obstante) Un sacrificio de primicias ofrecerás a Di´s, y sobre el altar no subirán como un aroma placentero.” (2, 11-12)

La descripción de todos los sacrificios aparece en esta porción semanal. Desde los que subían íntegros al altar, hasta los que deberían ser consumidos por sus dueños.

Dentro de este sistema de ofrendas, figuran aquellos que se realizaban con cereales. Elaborados de distintas formas y tamaños, a veces con aceite, y en ocasiones también con agua, solamente.


Todo aquello que debía ser ofrendado en el altar, no podía tener ningún ingrediente dulce, y tampoco componentes que lo hagan leudar.

Los dos únicos sacrificios que se ofrendaban a pesar de ser dulces, o leudantes, eran los que se traían como primicias.

Así explica Rashí: “¿Qué ofrenda derivada del leudo, o dulce, podrías traer? Un sacrificio de primicias. Por ejemplo, el de los dos panes – traído en Shabuot – el cual debía ser leudado.  Y de lo dulce, las primicias de los frutos, por ejemplo: Dátiles e higos”.

¿Por qué?

Explica el Kelí Yakar, ZT”L: “Toda persona tiene inclinación hacia lo grato y placentero, cosas que pueden ser representadas por la dulzura de la miel. Y así como ésta es agradable al paladar, pero en grandes cantidades daña, de la misma forma todos los placeres mundanos, los cuales son vitales, si la persona exagera en ellos, sin duda le afectarán.

La recomendación es utilizarlos con medida, y el sobrante, descartarlo.

El leudante es la representación de nuestras malas inclinaciones, las que llevan a la persona al egocentrismo.

Estos dos elementos son necesarios para nuestra existencia. Pues si no encontramos gusto en lo que comemos, o en lo que hacemos, no podríamos vivir. De la misma manera, si no tuviéramos esa tendencia egoísta, no nos casaríamos nunca, y tampoco buscaríamos un lugar donde habitar.

Estos ingredientes preceden al esfuerzo que debemos emplear para estudiar Toráh. Pues si no nos alimentamos como Di´s manda, tampoco nuestras actividades espirituales podrían rendir frutos.

No obstante, quien debe ocupar el primer lugar en la mente de todos nosotros, es el quehacer de la Toráh. Pues si ella no se encuentra en nuestras intenciones antes de alimentarnos, o demás actividades mundanas, éstas quedarían faltas de sentido, se perderían en el plano material, y no se elevarían como aroma agradable ante El Todopoderoso, aún cuando el dulce y el leudo anteceden a toda actividad humana, pues por medio de ellos podemos acercarnos a nuestra perfección espiritual.

Por este motivo estos dos elementos no pueden ser ofrendados a Di´s en  el altar, ya que no tienen por sí mismos el poder de alcanzar la perfección que subiría como aroma agradable ante Él.  Pero como ofrenda que ocupe el primer puesto, el introductorio, sí serán traídos. Demostrando con ello que son el primer material en consideración, para ayudar al hombre en sus esfuerzos espirituales.

Así, el sacrificio de los dos panes – ofrendado en Shabuot – justamente aparece en el día de la entrega de la Toráh, pues esta es el antídoto contra las malas tendencias, representadas por el pan, y todo lo que contiene leudantes.

 Las primicias provienen de la miel, y de lo dulce que produce la tierra. De esta forma, al ofrecerlas frente a HaShem, resulta que la alimentación de todos los días, estaría dentro del marco de la pureza y la santidad. Pues la acción de ofrendar las primicias, indica que en primer lugar se encuentra la intención de alcanzar la perfección verdadera por medio de sus alimentos.”

A raíz de esta explicación, es fácil entender el sentido de los sacrificios mencionados en nuestra parashá.  Pues, si bien, ellos nos presentan un aspecto meramente material del judaísmo, ya que debían tomar animales, degollarlos, desangrarlos y destazarlos – y dedicarse físicamente a elaborar ingredientes para las ofrendas – estas acciones consiguen demostrarnos que así mismo nuestra vida deberá ser dirigida. Saber, y concientizarnos, que nuestro mundo, por muy físico y material que sea, lo podemos elevar a verdaderos estratos espirituales, en todo momento y en cualquier lugar.

Shabat Shalom

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